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12 de Abril – Decisión

Publicado el 12 Abril 2017 | Imprimir Imprimir



“Entonces vinieron unos judíos de Antioquía y de Iconio que persuadieron a la multitud, apedrearon a Pablo y lo arrastraron fuera de la ciudad pensando que estaba muerto. Pero estando rodeado por los discípulos, se levantó, y entró en la ciudad. Al día siguiente salió con Bernabé para Derbe.” Hechos 14:19-20 (NVI)

Decisión

Pablo estaba predicando y Dios operaba con poder entre el pueblo. Esto generó celos en los judíos, y buscaban por todos los medios eliminar a Pablo. A tal punto, que llegan a una ciudad extraña y levantan a una multitud para darle un escarmiento.

Hay que imaginarse a las personas desenfrenadas y violentas a los empujones y a las patadas en las calles angostas llevando a Pablo hasta alguna plaza, y entre las trompadas y los golpes, una piedra (del tamaño de un adoquín) pega contra su cuerpo y luego otra y otra. Pablo se desmaya del dolor, sangra y quizá hasta tenga algún hueso roto. Finalmente su cuerpo queda tirado entre las rocas.

La multitud se calma y de repente hay silencio. Habían matado a un hombre en una ciudad romana y eso era altamente peligroso. Entonces lo arrastran (no lo llevan en camilla ni entre varios, lo arrastran quizá de los pies) hasta las afueras de la ciudad por senderos de tierra y piedra y ahí lo dejan tirado, piensan que ha muerto.

Los discípulos van a ver el cuerpo y ayudado por ellos, Pablo se levanta. Cualquier persona normal hubiera ido al hospital para ser curado y luego se habría ido a su casa a tomarse un descanso (quizá permanente) para dejar esta actividad tan peligrosa. Pero Pablo no hizo esto.

Caminando como pudo entró de nuevo en la ciudad (para que todos lo vieran) y recién al día siguiente continuó su viaje evangelístico (como si nada hubiera pasado). Seguramente fue tirado en la parte de atrás de algún carro, porque no podría caminar, pero siguió su ministerio, siguió predicando.

En estos días de tanta mediocridad, desinterés y comodidad, sería muy bueno imitar a este gigante. La única diferencia con nosotros era que su amor para con Dios lo impulsaba a hacer todo lo que hacía. El amor a Dios es una decisión permanente que realizamos todos los días, en cada pequeña y gran acción.

Ojalá que podamos imitar a Pablo en su amor a Dios.

REFLEXIÓN – La mediocridad es una decisión.





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