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20 de Marzo – Tarde

Publicado el 20 Marzo 2017 | Imprimir Imprimir



No te apresures en tu espíritu a enojarte, porque el enojo reposa en el seno de los necios.” Eclesiastés 7:9 (NVI)

Tarde

El hombre más sabio del mundo dejó muchas frases celebres, como no puede ser de otra manera. Pero hay algunas que preferimos dejar de lado porque nos comprometen. Son muy duras para aceptarlas. Este dicho de Salomón tiene esa particularidad. Creo que no hay persona sobre la tierra que pueda negar la sabiduría y claridad de las palabras de Salomón. Pero son muy pocos los que, ante un desafío tan duro y complicado, son capaces de aceptar y cumplir el consejo de Dios.

Todos nos enojamos. Tarde o temprano todos sucumbimos al enojo. Hay algunos que parece que viven enojados, tienen siempre el ceño fruncido, siempre ariscos. Hay otros a los que todo les molesta, no importa lo que hagas, siempre se enojan. Otros son como agua de pozo, muy tranquilos pero en algún momento también se desbocan; y cuando lo hacen son más violentos que un tifón.

Es innato, no podemos evitarlo. Y lo más terrible son las consecuencias. Porque cuando uno se enoja, generalmente dice y hace cosas que tranquilo nunca hubiera dicho o hecho. Es muy común que suceda en medio de un partido.

En una pelea uno no mide las palabras y puede lastimar mucho. Hay palabras que lastiman más que los golpes, que cortan más que los cuchillos. Y cuando pasa el enojo y se disipa la pelea, queda una herida que es muy difícil de sanar. La cicatriz de las palabras perdura. Es como querer recoger las plumas que soltás un día de viento. Es imposible.

Pero hay algo que podemos hacer contra este mal. Podemos escuchar el consejo de Salomón y no apurarnos. Contar hasta diez, esperar y respirar profundo antes de enojarnos. No es fácil y mucho menos cuando creemos que tenemos la razón y justificamos nuestro enojo. Pero aun cuando fuera justificado, la consecuencia siempre es mala y alguien termina herido.

Solo el necio (el tonto) no puede pensar, y aquel que se apura para enojarse es un tonto. Es mucho más sabio esperar. Aunque sea más difícil, frenar el enojo incluso teniendo razón evita que la consecuencia de tu enfado lastime. Solo de esta manera, la consecuencia será siempre positiva.

REFLEXIÓN – Para el enojo es bueno llegar tarde.




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