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4 de Marzo – Excelencia

Publicado el 04 Marzo 2017 | Imprimir Imprimir



“El fin de todo el discurso que has oído es: Teme a Dios y guarda sus mandamientos, porque esto es el todo del hombre.” Eclesiastés 12:13 (NVI)

Excelencia

No hay en toda la Biblia un discurso más corto y más gráfico. Salomón era sin duda, un gran y elocuente orador. Termina el libro de Eclesiastés con un resumen magnífico de lo que es esencial para el hombre.

Salomón prueba todo en la vida y nada le satisface. Obtiene riquezas, trabaja, se divierte, compra y vende, tiene logros estupendos, tiene mujeres, siervos, empresas, poder, fiestas, propiedades pero nada lo satisface. Nunca es totalmente feliz.

Nadie en la historia de la humanidad va a poder lograr lo que logró Salomón. Y este hombre que lo tuvo todo (y cuando digo todo, significa absolutamente todo) tiene finalmente esta sabía reflexión.

Hay veces que uno piensa que si tuviera esto o aquello sería feliz y no tendría problemas. Es una constante del hombre (y de la mujer) el querer siempre más. Nada alcanza, siempre deseamos algo extra. Y es nuestra excusa para justificar nuestro malestar. Me falta el pantalón de marca, me falta la remera que usan en la tele, me falta un mejor trabajo, me falta remodelar mi casa, me falta (siempre falta algo).

Pero el hombre que lo tuvo todo nos dice que no importa lo que nos falte, aunque lo tengamos, igual no vamos a estar satisfechos.

Hay solo una cosa que brinda satisfacción a la persona y es el temor a Dios. Es extraño que la realización de una persona no esté en lo que obtiene materialmente, sino en su relación con Dios, que es abstracta. Pero justamente aquí es donde está el gran secreto.

No hay verdadera felicidad fuera de Dios. Puede ser que tengas momentos muy divertidos, que la pases fenómeno con tus amigos, pero la verdadera felicidad, la satisfacción permanente solo la tienen aquellos que temen a Dios, lo respetan y obedecen sus mandamientos. Y no ven sus mandatos como una serie pesada de normas prohibitivas, sino como consejos de amor, para vivir mejor.

Respetar lo que Dios manda garantiza una vida satisfecha. Salomón te desafía a vivir de esa manera. Aun con los problemas cotidianos, las luchas y las dificultades porque la felicidad que Dios ofrece no depende de lo que nos rodea, depende de Dios.

REFLEXIÓN – Dios o la mediocridad.




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