1 de agosto – Pensá

“…De la abundancia del corazón habla la boca.” Mateo 12:34 (NVI)
¡Gracias a Dios por los amigos! Habíamos vivido semanas muy agotadoras con Juampi y el tema de su operación. Toda mi vida se había visto afectada por ese hecho. Como escribo diariamente el devocional que envío por mail, y en ese momento no tenía un archivo con devocionales de back up o de stock, estuve escribiendo sobre aquellas cosas que me impactaban (como suelo hacerlo), y sin darme cuenta muchas de las reflexiones que relaté fueron sobre el mismo asunto.
Inconscientemente, las circunstancias que rodeaban a mi hijo se habían transformado en el centro de mis mensajes. Y mis amigos me lo hicieron notar: “Estas escribiendo mucho sobre la enfermedad de Juampi”. Al repasar los últimos devocionales, noté la obviedad de ese comentario y les agradecí por su sinceridad. En casa era un tema casi excluyente, y lo mismo en la familia, en la iglesia y con los amigos. Mientras lo conversábamos, Miri me recordó que “de la abundancia del corazón habla la boca”. Estábamos llenos de este problema, era obvio que ibas a escribir siempre en torno a él.
Y esto me hizo pensar ¿Cuál es el tema al que te referís en forma repetida? ¿Qué cosas son las que se escuchan con mayor frecuencia en tus conversaciones? Jesucristo, que fue, es y será eternamente el más grande de los maestros de toda la historia, nos dejó esta máxima para analizar nuestro pensamiento. Nos enseñó a monitorear las cosas que deseamos, las que nos importan, las que nos alteran o las que nos preocupan, y esas son, precisamente, de las que más hablamos.
¿Cuánto hablaste de Dios en esta última semana? ¿Cuántas veces mencionaste a Jesucristo en estos últimos siete días? ¿El domingo en las canciones de la iglesia? Hablamos de lo que nos interesa: de política, de economía, del colegio o la universidad, de la familia, de la crisis, de los problemas, de la película que se estrenó el otro día, pero muy poco de Dios.
Hoy Jesucristo nos desafía a variar nuestros temas de conversación, a reordenar las prioridades de nuestra vida. Cuando Dios no constituye lo más importante en nuestro andar diario, está constantemente relegado por otros asuntos. Fijate cuánto hablaste de Él ayer. Si modificamos las categorías de lo que pensamos, vamos a cambiar el contenido de lo que hablamos. Es un sabio ejercicio para autoevaluarse. Dios te lo pide hoy.
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REFLEXIÓN – Pensá en qué pensás.

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