1 de enero – Mediocridad

“El fin de todo el discurso que has oído es: Teme a Dios y guarda sus mandamientos, porque esto es el todo del hombre.” Eclesiastés 12:13 (NVI)
No hay en toda la Biblia un discurso más corto y más gráfico. Salomón era, sin duda, un gran orador y muy elocuente. Termina el libro de Eclesiastés con un resumen magnífico de lo que es esencial para el hombre.
Salomón había probado todo en la vida y nada le satisfizo. Obtuvo riquezas, trabajó, se divirtió, compró y vendió. Sus logros fueron estupendos: tuvo mujeres, siervos, empresas, poder, fiestas, propiedades, pero ninguna de estas cosas le dio saciedad. Nunca fue totalmente feliz. Nadie en la historia de la humanidad va a poder alcanzar lo que logró Salomón. Y este hombre, que lo tuvo todo (y cuando digo todo significa absolutamente todo), llegó finalmente a tan sabia reflexión.
Hay veces, que uno piensa que si tuviera esto o aquello sería feliz y no tendría problemas. Es una constante en el hombre (y en la mujer) el querer siempre más. Nada alcanza, siempre deseamos o creemos necesitar algo extra, y eso es una excusa para justificar nuestro malestar. Me falta el pantalón de marca, me falta la remera que usan en la tele, me falta un mejor trabajo, me falta remodelar mi casa, me falta… constantemente pareciera faltar algo.
Pero el hombre que lo tuvo todo nos dice que no importa qué cosa nos falta, aunque la tuviésemos, igual no estaríamos complacidos.  Hay sólo una cosa que brinda satisfacción a la persona y es el temor a Dios. Es extraño que la realización de una persona no esté en lo que obtiene materialmente, sino en su relación con Dios, que es abstracta. Pero justamente aquí es donde reside el gran secreto.
No hay verdadera felicidad fuera de Dios. Puede ser que tengas momentos muy divertidos, que lo pases fenómeno con tus amigos, pero la felicidad verdadera, la satisfacción permanente, sólo la tienen aquellos que temen a Dios, lo respetan, y obedecen sus mandamientos.  Y no ven sus mandatos como una serie pesada de normas prohibitivas, sino como consejos de amor para vivir mejor.
Respetar lo que Dios manda garantiza una vida plena. Salomón te desafía a vivir de esa manera aun con los problemas cotidianos, con las luchas y con las dificultades. Porque la felicidad que Dios ofrece no depende de lo que nos rodea, depende directamente de Dios. Aplicalo en este año que hoy empieza.
REFLEXIÓN — Dios o la mediocridad.

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