1 de julio – Infundir

“Cuando te llamé, me respondiste; me infundiste ánimo y renovaste mis fuerzas.” Salmo 138:3 (NVI)
Para la intervención quirúrgica de Juampi nos avisaron que era posible que tuviera que recibir dos transfusiones de sangre. Su operación podría complicarse. Originalmente iban a operar una cadera por vez, pero debido a la neumonitis que padeció, se tuvo que cancelar una de las cirugías, y en esa nueva oportunidad iban a intentar hacerle las dos operaciones juntas. Eso agravaba el cuadro. Si Juampi no respondía bien, y perdía mucha sangre, podrían operarle solamente una cadera, y, además, necesitaría una transfusión de sangre para recuperarse.
Fluido externo para poder estar bien de nuevo. Él no podía generarlo por sí solo y necesitaba de ayuda externa. Los problemas tienen efectos colaterales. Te quitan el ánimo, te sacan las ganas, te vacían el alma, te aniquilan las fuerzas y te limitan la mente. Y por lo general, no se puede salir del problema por medios propios. El pesar y la angustia que generan no pueden eliminase fácilmente por más que uno quiera.
Desaparecen cuando el problema queda resuelto, pero mientras dura, el malestar sigue estando. La presión que ejerce desgasta, aplasta y desanima. Nos quita la paz y nos debilita. Y entonces, necesitamos una transfusión de ánimo, un suplemento vitamínico para renovar las fuerzas. Pero no hay farmacia que pueda proveer ese tipo de medicamentos. No existe un remedio que pueda comprarse para mejorar el ánimo.
David lo sabía, aún muchos años antes de que la medicina y la farmacología crearan remedios para casi todos los males. David sabía que no había medicina para el alma, excepto que la proveyera Dios. Había experimentado profundas tristezas, graves depresiones, serios problemas sin solución y había aprendido una enorme lección: Dios siempre escucha y siempre responde.
En tu peor problema, cuando lo llamás, Dios siempre está atento y dispuesto a hacerte una transfusión de ánimo, para recomponer tus fuerzas. Es notable que el salmista no habla de que Dios elimine los problemas o de que los haga desaparecer milagrosamente. Pero sí nos garantiza que Dios siempre escucha, y que en su perfecto amor, nos asegura mejorar nuestro ánimo y renovar nuestras fuerzas para que podamos soportar.
Dios no te promete sacarte del problema o suprimirlo, pero te asegura que puede renovar tus fuerzas. Si hoy estás cansado y triste por la carga de tus problemas, contale a Dios. Él te escucha, y siempre te revitaliza el ánimo. Dejalo a Dios que te haga una transfusión de su poder, te hace falta ayuda externa. Dios puede.
REFLEXIÓN – Dios es tu transfusión segura.

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