1 de Marzo – Alabanza

«¡Alaben al Señor porque él es bueno, y su gran amor perdura para siempre!» 1 Crónica 16:34
Alabanza
Cuando somos niños, solemos catalogar a las personas por los beneficios que nos dan. Si la tía nos regala golosinas y nos compra lo que le pedimos es buena. Y si papá nos pone límites y no nos deja comer el chocolate antes de la cena y no nos satisface todos nuestros caprichos, es malo. El problema es que crecemos y mantenemos el mismo concepto.
Aun cuando somos grandes, solemos pensar de las personas en función a lo que nos dan, queremos a los que nos quieren o regalan. Por lo general, evitamos a aquellos que nos critican, nos envidian o nos dañan. Es decir, pensamos que son buenos aquellos que nos dan y que son malos aquellos que no nos dan.
Lamentablemente, a veces usamos este mismo concepto para Dios. Y pensamos que cuando Él no nos da lo que pedimos deja de ser bueno, pero cuando nos responde, vuelve a serlo. Suena fuerte leerlo, y pocos se animan a expresarlo, pero en lo profundo del corazón, es lo que pensamos cada vez que esperamos algo, oramos por ello y no recibimos lo deseado.
Por supuesto que pensar así está mal. Y que es un argumento del diablo para alejarnos de la comunión con Dios. Porque si pensás que Dios no es bueno, y estás enojado por las soluciones que no te da a tus problemas, entonces, dejás de alabarlo. Es una ecuación matemática. Hacé memoria de las veces que alabaste a Dios con pasión en los últimos dos meses. Vas a ver que fueron cuando estabas re feliz porque habías logrado lo que querías.
Siempre es más fácil alabar a Dios cuando tenemos salud, trabajo, amigos, diversión, ropa de marca y estamos tranquilos. Pero acá el salmista nos deja una razón para alabarlo: hay que hacerlo porque Dios es bueno. Y Dios jamás va a dejar de ser bueno. La bondad de Dios es una cualidad innata en Él.
No importa cuan mal te sientas, ni cuan decepcionado de la vida tengas el corazón, ni cuantas lágrimas hayas vertido, ni cuantas oraciones sin respuesta hayas elevado al cielo, Dios jamás deja de ser bueno. Si podés entender esto, y cambiar ese viejo concepto de niños que mantenemos de grandes, seguramente vas a poder alabar hoy a Dios.
REFLEXIÓN – Dios es siempre bueno ¡Alabalo!

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