1 de marzo – Ideales

“¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en su lugar santo? El limpio de manos, y puro de corazón, el que no ha elevado su alma a cosas vanas ni ha jurado con engaño” Salmos 24:3-4 (RVR)
Hoy en día todo está confundido. Vemos una gran cantidad de personas que no tienen ideales ni objetivos mediatos, y otras tantas que dan prioridad al concepto de vivir el momento y pasarla lo mejor posible.
En los años 70, la humanidad tenía ambiciones sublimes, había líderes de diversas corrientes de pensamiento, había movimientos que, equivocados o no, les daban a las personas un ideal por el cual vivir. En la actualidad, en cambio, los adultos están desencantados y los jóvenes sin metas. Personas sin metas, sin ideales, sin ganas, sin futuro. No saben para qué están vivos. No tienen una razón para luchar. Están vacíos y sin ganas de modificar nada.
Pero el cristiano sí tiene un objetivo superior. Tiene un ideal maravilloso y elevado. Los cristianos tenemos una meta que debemos lograr: imitar a Dios. Él es el mejor ejemplo a seguir, el paradigma eterno que no cambia. Y en un mundo sin ideales, Dios nos propone vivir de una manera distinta, opuesta a la que vemos hoy en la calle; un desafío muy difícil porque va en contra de la corriente, haciendo aquellas cosas que nadie quiere hacer, viviendo de una manera dispar a la de todos tus compañeros.
Limpios de manos, que nuestros hechos sean sanos, que nuestra conducta diaria sea ejemplar, que lo que hagas no tengas que esconderlo, sin comentarios sucios. Puros de corazón, que nuestros pensamientos sean santos, sin envidia, porque se puede hacer una gran obra, pero por motivos mezquinos. Lo que nadie puede sospechar dentro del pensamiento humano, Dios lo ve.
Sin ser místicos, nuestro mayor deseo debe ser agradar a Dios. No hay por qué desechar los bienes materiales, pero nuestro mayor y más grande objetivo debería ser agradarle a Él; tener deseos en forma permanente de imitarle.
Boca sin engaño, que nuestro sí sea siempre sí, que no tengamos doble discurso, que digamos siempre la verdad.
Si pensás un minuto en cada uno de estos cuatro conceptos y le ponés un hecho de tu vida, por ejemplo, que ocurrió la semana pasada, vas a entender lo fácil que es no cumplir con lo que Dios te propone o lo difícil que es vivir como Dios quiere. Tenemos una sola vida para vivir, y Dios nos recomienda la mejor manera de hacerlo.
REFLEXIÓN — Un alto ideal genera grandes hombres.

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