10 de Marzo – Entender

«Jesús se les quedó mirando, enojado y entristecido por la dureza de su corazón, y le dijo al hombre: Extiende la mano. La extendió, y la mano le quedó restablecida.» Marcos 3:5
Entender
Había un hombre que tenía una mano seca. No le servía para nada. En aquellos días cuando todo el trabajo que alguien podía hacer dependía de la fuerza de sus manos, ser manco era una calamidad. Condenaba a las personas a vivir en la miseria. No sabemos que trabajaba este hombre, pero de algo estamos seguros, necesitaba ayuda.
Así que aprovechó su oportunidad, y cuando vio a Jesucristo que estaba cerca, le suplicó que lo ayudara. Sabía que era su única chance de cambiar su complicada situación y no quería perderla. El único problema era que justo hizo el pedido un día sábado. Y para los judíos era el día de reposo y no se podía hacer ningún trabajo. Era un día para meditar en el Señor.
Y los legalistas de la época, pusieron el grito en el cielo. ¡Cómo era posible que se sanara a alguien en el día de reposo! Eso era un trabajo y no se podía hacer. Además no era un caso de vida o muerte, podía esperar. Era necesario respetar las reglas de la religión.
Entonces Marcos rescata esta frase, Cristo no podía entender que hubiera gente tan obtusa, que se negara a ayudar a alguien que estaba sufriendo, simplemente, por cumplir con reglas religiosas. Era más importante para ellos ser legalistas que aplicar la misericordia.
Por eso Cristo no entendía. En su corazón, sufría viendo a ese hombre manco y sufría todavía más viendo la insensibilidad de algunos supuestos religiosos. Así que el Dueño del día de reposo, fue coherente con su corazón y aplicó su gracia divina frente a la miseria humana.
Hoy censuramos a los fariseos por su actitud, pero los imitamos. Perdimos la capacidad de aplicar la gracia divina a las situaciones cotidianas, nos olvidamos de actuar con misericordia porque estamos lejos de Dios. Tal vez demasiado ocupados en tantas reglas y formalismos que no podemos entender como siente el corazón de Dios.
Hoy Marcos nos llama a volver a entender que la gracia de Dios no tiene fronteras ni límites. Que su amor no se regula por el horario de las reuniones o por las costumbres eclesiásticas. Si pudiéramos volver a enamorarnos de Jesucristo podríamos entender como siente su corazón, y podríamos imitarlo.
REFLEXIÓN – Entendé.

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