11 de Octubre – Inútil

«No desecho la gracia de Dios, pues si por la Ley viniera la justicia, entonces en vano murió Cristo.» Gálatas 2:21
Inútil
Vivimos en días donde todo se compra y se paga. Hoy la vida está marcada por un sentimiento mercantilista. Todo tiene un precio, nada es gratis. Y cuando aparece algo gratis, parece mentira o es un engaño para vendernos algo. Nos acostumbramos a dar una contraprestación cada vez que deseamos obtener algo.
La religión tuvo desde siempre, este concepto para sus fieles. Todas las religiones de la tierra tenían y tienen ese requisito de la contraprestación. Cada religioso debía cumplir ciertos ritos, realizar determinados sacrificios y mantener determinada conducta para agradar a sus dioses de turno y garantizar su benevolencia en el otorgamiento de favores. Nos educaron con este concepto de la contraprestación.
Si te portás bien y le haces caso a Dios, Él te bendice. Si hacés buenas obras, encontrás el favor de Dios. De esta forma, las religiones mantienen a sus fieles cautivos obedeciendo sus normas, para ganar el favor de Dios, y las personas viven bajo el peso de leyes imposibles de cumplir que generan culpa cada vez que son quebradas.
El enojo de Dios, por incumplir las leyes, hace que nos cansemos de cumplir lo que sabemos que no podemos cumplir y eso nos desgasta y desalienta. Pablo conocía este problema. Había vivido muchos años tratando de agradar a Dios cumpliendo sus normas, mientras era fariseo. Y se había dado cuenta que era imposible.
Por eso celebra tanto el regalo increíble de Jesucristo, que nos regala la aceptación de Dios sin requisitos. Con solo tener fe, Dios nos perdona todos los pecados y se olvida de ellos. La salvación es una obra impresionante de amor y generosidad. Es una obra completa y perfecta. Y destroza el concepto de la contraprestación.
Sin embargo, había algunos cristianos que no estaban de acuerdo con esto, y seguían predicando en Galacia, que era necesario cumplir con las normas de Dios, para que Dios nos acepte. La respuesta de Pablo es fenomenal. Si Dios nos fuera a aceptar por cumplir sus leyes, y nos diera la posibilidad de llegar al cielo, porque somos buenos, ¿para que murió Jesucristo? Fue un sacrificio inútil, porque no hacía falta.
¡¡Gracias a Dios por Jesucristo!! Quien nos abrió la puerta al cielo, por su amor y generosidad. Adoralo y servilo por eso.
REFLEXIÓN – Dios regala, no contrapresta.

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