12 de octubre – Alfarero

“Levántate y desciende a casa del alfarero, y allí te haré oír mis palabras.” Jeremías 18:2 (RVR)
Leí un relato breve con mucho contenido. Había una tacita exquisita y maravillosa. Un día comentó: ¡No fui siempre así! Antes era un montón de barro amorfo. Mi creador me tomó entre sus manos, me golpeó y me amoldó cariñosamente. Le grité: “Por favor ¡Ya déjame en paz!”. Él me sonrió y me dijo: “aguantá un poco más, todavía no es tiempo.”
Después me puso en un horno. Me pregunté por qué mi creador querría quemarme. A través de la ventana del horno pude leer que sus labios me decían: “Aguantá un poco más, todavía no es tiempo.” Finalmente, abrió la puerta y me colocó en una repisa para que me enfriara. “Así está mucho mejor!” pensé, pero apenas me había refrescado cuando mi creador ya me estaba cepillando y pintándome. El olor de la pintura era horrible, y me ahogaba. “Por favor ¡detente!” gritaba, pero él sólo decía “aguantá un poco más, todavía no es tiempo.” Por fin, dejó de pintarme.
Pero, otra vez me tomó y me metió en otro horno. No era un horno como el primero, ¡sino mucho más caliente! Le imploré que me sacara, grité, lloré, pero mi creador sólo decía “aguantá un poco más, todavía no es tiempo.” Ahí perdí las esperanzas. Justo cuando estaba a punto de desfallecer se abrió la puerta. Mi creador me tomó cariñosamente y me puso en una repisa que era aún más alta que la primera. Allí me dejó para que me refrescara.
Después de una hora me dio un espejo y me dijo: “¡Mirate! ¡Esta sos vos!” Yo no podía creerlo… ¡Esa no podía ser yo! ¡Lo que veía era hermoso! Mi creador nuevamente me dijo: “Yo sé que te dolió haber sido golpeada y amoldada por mis manos, pero si te hubiera dejado como estabas, te hubieras secado.”
Sé que te causó mucho calor y mucho dolor estar en el primer horno, pero de no haberte puesto allí, seguramente te hubieras estrellado. También sé que los gases de la pintura te provocaron muchas molestias, pero de no haberte pintado tu vida no tendría color.
Y si yo no te hubiera puesto en ese segundo horno, no hubieras sobrevivido, porque no serías suficientemente fuerte. ¡Ahora sos un producto terminado! Sos exactamente lo que yo tenía en mente cuando te comencé a formar!”.
REFLEXIÓN — Dios es un sabio alfarero.

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