13 de abril – Ídolos

“Hijitos, guardaos de los ídolos.” 1 Juan 5:21 (RVR)

En el Antiguo Testamento, Dios fue determinante con el pueblo de Israel: les prohibió adorar a otros dioses o imágenes. No fue una orden blanda. Fue una exigencia absoluta. Encontramos en todos los libros advertencias para el pueblo de Israel, de que si dejaran a Dios para servir a otros dioses, Él les enviaría calamidades y problemas.
Pero la orden de Dios se origina en que reclama exclusividad. Es un Dios celoso y no está dispuesto a compartir el corazón del hombre con ninguna otra cosa. El requiere y merece ser lo más importante.
¿Es Dios lo más importante y lo primero en tu vida? Juan nos recuerda hoy, la importancia de cuidarnos de los ídolos. Porque también ahora existen ídolos que quieren tomar el lugar de Dios. Un cantante famoso, un jugador de fútbol, el estudio, el trabajo, la familia, la diversión, el ocio, la música, todas cosas lícitas y muy buenas que debemos hacer y practicar.
El problema es cuando estas cosas lícitas ocupan el lugar que merece Dios. Es importante estudiar y progresar, y debo hacerlo a conciencia (porque Dios me lo pide así), pero si por estudiar dejo de leer la Biblia, de orar, de tener comunión con Dios y con mis hermanos, estoy haciendo una mala decisión.
Nada de esto aparece de la noche a la mañana. No es que los israelitas hoy adoraban a Dios y mañana se levantaban y adoraban a Baal. Todo empezaba con pequeñas concesiones, pequeños permisos, total… “no me hace mal”, “yo sé cuando decir basta”, “soy grande y sé elegir”, etcétera. Y empezaban a olvidarse gradualmente de Dios.
Nadie se enfría en pocos días, es un proceso largo de indiferencia gradual. ¿Te da lo mismo estar en la casa de Dios que faltar? ¿No tenés ganas de leer la Biblia? ¿Hace mucho que no orás? ¿Te pesa obedecer los mandamientos de Dios? ¿Pensás que están pasados de moda? ¿Te molestan algunos hermanos y te cuesta tener comunión? ¡Cuidado con los ídolos! Dios no está en el primer lugar.
Por eso Juan nos recuerda “guardaos de los ídolos”. Tengamos cuidado con las concesiones, con los permisos inocentes. Dios se merece que le demos exclusividad, el primer lugar. Él es digno de ser lo más importante en nuestra vida.
Guardémonos de los ídolos
REFLEXIÓN — El segundo lugar, no sirve.

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