13 de febrero – Preparación

“En aquel tiempo Jehová me dijo: Lábrate dos tablas de piedra como las primeras, y sube hasta mí al monte”. Deuteronomio 10:1 (RVR)
Las tablas de la ley ya se habían transformado en un montón de roca rota. Eran sólo un recuerdo. Moisés había bajado del monte, luego de haber estado en la misma presencia de Dios, porque el pueblo de Israel se había corrompido y estaba adorando a un becerro de oro. ¡Qué durísimo contraste! Arriba estaba la gloria de Dios; abajo la estupidez humana. De la indignación, Moisés rompió las tablas donde Dios había escrito con su dedo la Ley. Y tras recomponer el orden en el pueblo, volvió a ser llamado por Dios a Su presencia.
Pero esta vez, Dios le pidió que preparara las piedras en las que iba a escribir la ley. Estaba en el medio de un desierto y no tenía herramientas; dejar una piedra lisa para escribir sobre ella no era un trabajo nada sencillo. Para colmo, eran dos piedras, y después de la tarea agotadora de alisarlas, tuvo que escalar el monte con el peso de ambas atadas a su espalda.
Moisés no subió al monte de cualquier manera. Acudió a la cita puntualmente y preparado. Hubiera tenido muchas excusas para no cumplir: Que no tenía tiempo para alisar las piedras; que le faltaban herramientas; que eran muy pesadas; que ya estaba viejo; que estaba deprimido porque el pueblo le había fallado… Pero Moisés llegó en tiempo y forma.
No fue fácil el ascenso y terminó extenuado. Era un hombre grande y debe haber sido muy cansador escalar el monte con un peso tan grande y tan incómodo de llevar. Y nos deja una preciosa enseñanza. Preparación. No se puede llegar a la presencia de Dios de cualquier manera. Es necesario estar preparado para ir a Su encuentro.
Cada vez que vamos a adorarlo en la reunión de la Cena del Señor, deberíamos tener presente este concepto. No es el resultado de una improvisación de último momento. No es asistir para cumplir con el ritual del domingo.
Es un llamado especial de Dios para el cual debemos prepararnos toda la semana. Sumar lo que fuimos juntando cada día, para entregarle en una ofrenda de adoración, nuestra devoción a Él.
Cada vez que damos una clase en la escuela dominical, o cantamos un tema de alabanza, o predicamos, o presidimos la reunión, Dios espera que lleguemos preparados.
REFLEXIÓN — Preparación o vergüenza

Artículos relacionados