13 de Julio – Servidor


Yo estuve en el monte, como la primera vez, cuarenta días y cuarenta noches. Jehová también me escuchó esta vez, y no quiso destruirme. Me dijo Jehová: Levántate, disponte a marchar delante del pueblo, para que entren y tomen posesión de la tierra que juré a sus padres que les había de dar.” Deuteronomio 10:10-11 (RVR)
Servidor
Moisés fue sin duda uno de los personajes más increíbles del antiguo testamento. Fue el único mortal que pudo ver a Dios y seguir viviendo y tuvo el privilegio de recibir de Dios sus leyes. Un hombre que con ochenta años, tuvo la fuerza para guiar a un pueblo en medio del desierto.
Este pasaje nos revela el secreto de la grandeza de Moisés. Un hombre que hizo proezas increíbles, que logró cosas imposibles, que hizo tareas espectaculares. Moisés nos deja el secreto del triunfo. No esperes algún dato espectacular, porque el secreto es simple como Dios. Él estuvo a solas con Dios. Estamos muy acostumbrados a confundir activismo con espiritualidad y creemos que aquel que tenga más actividad en la iglesia y que este más ocupado, es la persona que vive más cerca de Dios.
Pero Dios no desea solamente actividad, Él anhela primero que estemos a solas con Él en un tiempo para disfrutar de su Grandeza y Gloria, para poder amarle y manifestárselo. Un tiempo de adoración y exaltación por lo que Dios es. Dios desea que le dediques un tiempo diario exclusivo para Él. ¿Hace cuánto que no tenés un tiempo así? Seguramente queremos compensar esta falta justificándonos con las muchas actividades que tenemos. Si tenés tiempo para ir a la facultad, al trabajo, al colegio, tiempo para divertirte, para escuchar música, para estar tirado en la cama haciendo nada, también tenés que hacerte el tiempo para estar a solas con Dios.
Es cierto que Dios nos manda que seamos responsables en el servicio. Y hay mucho trabajo en la obra de Dios. Pero antes que trabajar, antes que marchar frente al pueblo, antes que poner las manos en el arado, Dios espera que tengamos un tiempo a solas con Él. Dios desea que, como María estuvo a los pies de Jesús, también nosotros tengamos un tiempo separado para nuestro devocional, para escuchar su voz, para cantarle y adorarle. No hace falta esperar al domingo para hacerlo. Cada día debemos dedicar un tiempo para estar cerca de Dios para agradecerle, más que para pedir. Para adorar y alabar para enamorarnos de Él.
REFLEXIÓN – El que primero no adora, no puede servir.

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