13 de noviembre – Confianza

“En Dios, cuya palabra alabo, en Dios he confiado. No temeré. ¿Qué puede hacerme el hombre? “Salmos 56:4 (RVR)
Si hay una persona que ha pasado por todas las experiencias de la vida, ese es David. Un hombre que de ser un pastor en medio de la montaña solitaria, pasó a ser el rey de una nación. De ser el consentido del palacio, respetado por sus pares, pasó a ser un proscrito buscado por la policía. De ser un monarca respetado y admirado, paso a ser un reo exiliado.
Tuvo alegrías, tristezas, momentos buenos, momentos malos. Pero esta frase resume toda su vida. A David no le importaba lo que podía venir, lo que estaba sufriendo, o las amenazas que tenía. Él había puesto su confianza en Dios, y estaba tranquilo. Esto es fácil de decir, pero muy difícil de hacer. No es que vivía despreocupado de todo, y nada le importaba. No es que se trataba de un inconsciente que no tenía responsabilidad. El gran secreto de David es que sabía descansar en Dios.
Dejarle al Padre Amante todos los problemas, y actuar en consecuencia. Estamos acostumbrados a recurrir a Dios, cuando no hay más solución. Y después de buscar por cuenta propia alguna salida posible para nuestro problema (salida que creemos es la más conveniente), y después de fracasar reiteradamente y darnos la cabeza contra la pared, sin encontrar respuesta ni soluciones, recién en ese momento nos acordamos de Dios, y le suplicamos su ayuda.
David era mucho más sabio, y si no temía era porque depositaba sus problemas en las manos del Eterno Sabio. Sabía que cualquier cosa que pasara estaba dentro de los planes de Dios. Y que los planes de Dios siempre son perfectos, aunque a veces parezcan duros y difíciles. Dios tiene un propósito de amor para tu vida y desea llevarlo a cabo.
Esto es lo que sabía David, y por eso estaba seguro. Puede ser que hoy tengas un día con problemas, dificultades, angustias, tristezas, conflictos, soledad. Recordá que todo problema es pequeño comparado con Dios. Él desea darte seguridad, amor y confianza. Y tiene una solución preparada.
No dejes que la tristeza o la preocupación, empañen tu mirada. Detrás del árbol de tu problema, está el bosque de la bendición de Dios. Él solo espera que lo dejes actuar.
REFLEXIÓN — Ningún problema es más grande que Dios, seguro.

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