14 de Enero – Unidad

“Él es nuestra paz que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación.” Efesios 2:14
Unidad
Pablo enfrentó durante todo su ministerio en el Asia Menor una constante y aguerrida resistencia con los judíos de cada ciudad. La iglesia nació en Jerusalén, con lo cual, el 100% de la población, era judía. Pero por las persecuciones, los cristianos judíos fueron esparcidos por el mundo conocido y llevaron el evangelio con ellos.
Pablo vivió la transición de una iglesia cristiana conformada por judíos a una iglesia cristiana mixta. Y los problemas no tardaron en llegar. El cristiano judío quería judaizar a los cristianos gentiles, porque quería mantener sus tradiciones mosaicas.
El cristiano gentil, que venía de una cultura pagana mucho más Light y permisiva, no quería saber nada con la pesada carga de reglamentos mosaicos. Y sostenía que la Gracia lo liberaba de ellos. Y estaban en lo cierto. La Gracia de Dios, a través de Jesucristo nos libera del peso de la Ley para darnos la libertad de la Ley de Cristo.
Pero los judíos de aquella época no lo veían así. Esto generó una gran pelea dentro de la iglesia. Y el cuerpo de Cristo se dividió. Algunos pensaban de una manera y otros de otra. Pero a nadie le importaba lo que Dios pensaba. Cada grupo defendía su posición, pero nadie defendía la unidad de la Iglesia de Cristo.
Por eso, Pablo les recuerda a estos hombres necios, que Jesús unificó a judíos y gentiles, en un solo cuerpo, derribó las divisiones y superó todas las contradicciones. El concepto de la Iglesia de Cristo, se basa en la Biblia y en el amor.
2000 años después, los cristianos seguimos peleándonos para ver quien tiene razón. Cada uno tiene su argumento y sus razones, sus experiencias y sus justificaciones y cada grupo defiende su dogma por considerarlo la verdad. El problema es que por defender tanto un pensamiento, nos peleamos y discutimos, y nos olvidamos la razón por la cual Jesucristo quiso crear la iglesia. Como oraba en Juan 17: Para que seamos uno, como tu Padre en mi y Yo en Ti, que ellos también sean uno para que el mundo crea que tu me enviaste.
Si Cristo pudo unificar a judíos y gentiles, también puede unificar la iglesia. No seas vos quien la divida.
REFLEXIÓN – Que seas de unión.

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