14 de Noviembre – Consentimiento

“Sin embargo, no he querido hacer nada sin tu consentimiento, para que tu favor no sea por obligación sino espontáneo.” Filemón 14
Consentimiento
La situación de Onésimo era muy grave. En una sociedad sin misericordia, un esclavo era una herramienta viva. El dueño podía hacer lo que quisiera con él. No tenía derechos. Un esclavo solo podía esperar sufrir y morir torturado o trabajando. Onésimo era un esclavo y sabía esa realidad.
Filemón era su amo, y conocía sus derechos. No sabemos como era el trato entre ellos, pero hay algo que sabemos. Filemón era cristiano, un conocido de Pablo. Y en una sociedad con otras reglas, supo vivir con las Reglas de Dios.
En este contexto, Onésimo, el esclavo, roba a su amo y se escapa. Una falta gravísima. Por mucho menos, Filemón podía matarlo. Con esta acusación, no había manera que Onésimo pudiera evitar el castigo y la muerte. Pero por los caminos divinos, Onésimo terminó preso en una cárcel romana, al lado de un hombre diferente.
Pablo le predica y el esclavo se convierte con convicción. A tal punto que está dispuesto a volver con su amo para arreglar el problema. Este fue el motivo de la carta de Pablo a Filemón. Le estaba pidiendo que cambiara una actitud, que modificara una conducta equivocada. Le estaba pidiendo que en lugar de matarlo, perdone a Onésimo.
Me maravilla la calidad espiritual de Pablo. Él tenía el derecho de mandar, exigir e imponer. Con su autoridad de apóstol, se le había dado el derecho de ser juez de los temas de la iglesia y de mandar y ordenar temas escabrosos.
Pero en lugar de ponerse en juez de los sentimientos de Filemón, este hombre ejemplar, le pide por favor que modifique su conducta. Y antes de hacer nada, busca el consentimiento de su hermano. Pudiendo ordenar, Pablo intenta conciliar las partes.
Hoy vivimos días muy intemperantes, donde cada uno se cree con el derecho de ser juez de las acciones y actitudes de los demás. Y enjuiciamos a los otros, sin equidad. Sin usar la misma regla con todos. A nuestros amigos los juzgamos de una manera suave, casi justificando sus actos, pero a los que no nos caen bien, le aplicamos todo el rigor de la justicia
Para el orgullo y la ironía de los jueces de hoy, necesitamos el carácter de Pablo.
REFLEXIÓN – En vez de mandar o juzgar, busca consentimiento.

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