16 de Junio – Pañuelo


Mis huidas Tú has contado, pon mis lágrimas en tu redoma. ¿No están ellas en tu libro?” Salmos 56:8 (NVI)
Pañuelo
Cuando el salmista escribió esto, se encontraba huyendo de Saúl, el rey a quien respetaba y servía con devoción. Habían quedado lejos los días de tranquilidad en el palacio, la buena comida, la cama calentita y las comodidades. Ahora no la estaba pasando nada bien. Era un fugitivo sin destino ni esperanza.
David estaba huyendo bajo la lluvia y el frío, sufriendo calor y sed, durmiendo en el piso, sin seguridad, sin techo, rodeado de hombres violentos, sin nadie en quién confiar. Aquel pastor de ovejas debería extrañar las comodidades de antaño. Y en de su soledad y tristeza, Dios era su refugio. David sabía que Dios no estaba ausente, que conocía perfectamente cada uno de sus movimientos, y sus lágrimas.
Por lo general, intentamos ocultar el sufrimiento. En esta sociedad apurada en que vivimos, no hay tiempo para escuchar los problemas del otro y todos nos acostumbramos a eso. A veces, es la almohada quien escucha nuestro lamento y se humedece por las lágrimas. Pero no estás solo. Dios está cerca, a pesar de tu duda.
Aun cuando pensamos que Dios no escucha, que no le interesa nuestro sufrimiento, que está ajeno al dolor, Dios tiene la cuenta precisa de nuestras lágrimas. Ninguna de ellas cae en el olvido. Dios nunca está demasiado ocupado como para no ocuparse de tu problema. Él sabe de nuestra angustia y desea remediarla. Y sabe que Sus Tiempos son perfectos.
Cuesta mucho entender este concepto de los tiempos de Dios cuando uno está triste, dolido, sin trabajo, solo, enfermo o lastimado. Pero debemos aprender que Dios es mayor que cualquier problema, es más grande que cualquier dolor y es el consuelo para tu angustia.
Puede ser que hoy estés triste mirando un pasado mejor que el presente, quizás estés deseando lo que viviste antes porque era mejor que lo que tenés ahora. Tal vez estés resentido por tu difícil presente, pero no dejes que tu bronca te saque de órbita. Dios quiere darte su consuelo, un consuelo más allá de toda comprensión porque sos muy valioso para Él. Dios es fiel y te ama. Él conoce tu sufrimiento y desea darte alegría y paz.
REFLEXIÓN – Dios es más que un pañuelo, es paz.

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