16 de junio – Reemplazo

“Haya en ustedes el mismo sentir que tuvo Cristo.” Filipenses 2:5 (RVR)
En la antesala de la operación de Juampi tuvimos dos noches agitadas. El gordito estuvo muy nervioso y eso le generó un cuadro de bronco espasmo. Tosía con rudeza todo el tiempo, hasta casi ahogarse. Eso lo hacía ponerse más nervioso y tosía aún más. Y el cuadro empeoraba. Toda la batería de medicamentos que en otros casos hubiera calmado el problema, apenas lo aflojaba un poco durante un par de horas. Hacía esfuerzos supremos, pero no lograba controlar la tos. La situación se agravaba. No dormía durante la noche y por ese motivo aumentaba su cansancio.
Lo que nos generaba más impotencia era no poder hacer nada para aliviarlo. La única posibilidad a nuestro alcance era esperar a que el proceso terminara. Pero él, mientras tanto, nos desgarraba el corazón. Hubiera querido darle mis pulmones y mis piernas si con ello lograba la posibilidad de que no sufriera más. Deseé ocupar su lugar, ser yo quien debía operarse, para que su vida fuera algo más sencilla. Pero no hubo forma de que eso sucediera. Quisiera reemplazarlo en su enfermedad, pero no se puede. Es imposible.
A las cuatro de la mañana, esperando que Juampi superara otra crisis, y deseando con toda el alma poder intercambiar lugares, me acordé de este texto. Hubo alguien que sintió lo mismo que yo, pero en una forma absoluta. Dios miró a su creación y la vio en crisis. El ser humano sufría terriblemente, pero a diferencia de Juampi, que sufre por problemas ajenos a su persona, la humanidad estaba padeciendo la consecuencia de sus malas decisiones y de su alejamiento de Dios.
Aún así, Dios sufría con desesperación al ver la condición del hombre, y deseaba reemplazarlo en su sufrimiento. Pero Su deseo generado por Su perfecto amor, no quedó únicamente en una intención. Y aunque era casi imposible desde la perspectiva humana, Dios se hizo hombre para tomar nuestro lugar y reemplazarnos. Jesucristo fue el cambio perfecto. Él tomó tu lugar de sufrimiento para que vos no padecieras el castigo divino por todos tus pecados.
¡No hay amor como el de Cristo! te vio en crisis y tomó tu lugar para que vos no sufrieras. Él soportó todo el castigo y el dolor que tus hechos merecían. Y lo hizo sólo por amor. ¡Gracias a Dios por Jesucristo, que supo reemplazarte!
REFLEXIÓN – Cristo te reemplaza.

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