17 de Enero – Compasión

«Asiria no podrá salvarnos; no montaremos caballos de guerra. Nunca más llamaremos «dios nuestro» a cosas hechas por nuestras manos, pues en ti el huérfano halla compasión.» Oséas 14:3
Compasión
El pueblo de Israel se empeñaba en hacer mal las cosas. Durante cientos de años, cada rey que gobernaba al pueblo, alentaba a que las personas se alejen más de Dios. Año tras año, cada israelita perdía cada vez más la sensibilidad y el temor de Dios. Se acostumbraron a vivir pecando y desobedeciendo a Dios.
Llegaron al punto de adorar una imagen de madera o de piedra, solo porque sus vecinos lo hacían. A pesar de la expresa prohibición que Dios les había dado al respecto. Parecía una cargada. Todo lo que Dios había prohibido, ellos lo hacían.
Por tanto orgullo y desobediencia, Dios envió el castigo prometido. Frente a las invasiones que sufrieron, muchas veces intentaron pactar con sus enemigos o comprar ayuda de otros países. Pero el resultado siempre fue el mismo. El castigo de Dios siempre se cumplía.
Oséas les escribe a los que ya habían sufrido esos males, personas que habían sufrido las consecuencias de sus malas decisiones y habían pagado un precio muy alto por sus errores. Y les recuerda una eterna y maravillosa verdad.
Es cierto que Dios les había enviado el castigo por su desobediencia. Pero jamás había dejado de ser compasivo con su pueblo. Cada castigo, tenía asociada una promesa de bendición si había arrepentimiento. Dios no puede ser infiel a su naturaleza. Él siempre es misericordioso y amante.
Y eso no cambió. Hoy por estar en la Gracia, Dios no castiga a desobediencia. Nos deja actuar libremente y no evita las consecuencias de nuestras malas decisiones. Pero no hay un castigo como para el pueblo de Israel por nuestros continuos pecados. Dios sigue siendo compasivo. Se acuerda quienes somos y como somos. Y nos sigue amando.
Hoy Oséas nos invita a revisar como estamos viviendo. Tal vez buscás ayuda en lugares equivocados, para encontrar soluciones rápidas. Tal vez estás subido al caballo del orgullo y no querés reconocer tus errores. Tal vez haya cosas que están ocupando el lugar de Dios en tu corazón y le quitan tiempo y espacio.
Dios sigue siendo compasivo y te espera. Es tiempo de cambiar y de volver a Dios. Él nunca te deja abandonado, porque Dios te ama. No desaproveches esta oportunidad.
REFLEXIÓN – Viví para Dios con pasión.

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