17 de septiembre – Alegría

 
“Tú has hecho que mi corazón rebose de alegría, alegría mayor que la que tienen los que disfrutan de trigo y vino en abundancia.” Salmos 4:7 (NVI)
Los días de lluvia parecen más tristes. Tal vez por las nubes grises o por el suelo mojado, predisponen a la apatía. Los sociólogos han afirmado que el clima condiciona el ánimo de las personas. Aquellos que viven en países tropicales o caribeños son, por naturaleza, más alegres y musicales.
Aquellos que viven en países más fríos y destemplados son menos sentimentales y más analíticos. Basta comparar a un brasileño con un noruego. El nacido en Brasil lleva la música en el alma, para él todo el año es carnaval. Canta, ríe, se divierte sin culpa ni complejos. El nacido en Noruega, habla mucho menos, sonríe poco, no demuestra públicamente su alegría. Es más sobrio, respetuoso y educado. Planifica más y es más ordenado.
Ninguno es mejor que el otro; son simplemente distintos. Pero, su carácter está condicionado por el clima de su país, porque los factores externos modifican o alteran los estados de ánimo. El salmista sabía esto, por eso es que él fundaba la razón de su alegría en una base permanente. ¿Qué cosas te alegran? Si hacés una lista más de la mitad van a ser cosas materiales. Pero seguramente Dios no va a figurar.
No asociamos a Dios con la alegría. A Él lo relacionamos con las prohibiciones, los mandamientos, las reglas y el cumplimiento, pero difícilmente lo hagamos con el disfrute, el placer, las sonrisas o el calor. Son preconceptos que nos impusieron de chicos. Constituyen el clima de nuestra alma. Analizamos todo, planificamos a futuro, somos ordenados, pero perdimos la alegría. Y en este caso sí, es negativo y contraproducente. Perder la conciencia de la plenitud de la alegría de Dios es condenarnos a vivir siempre en días de lluvia.
Hoy el salmista te desafía a recuperar la alegría para hacer un cambio sustancial en tu vida. Dios quiere ser tu alegría, el calor para tu vida, la pasión que se renueva. Si dependés de otras cosas para estar alegre, tu estado de ánimo va a fluctuar a la par de sus ausencias o encuentros. Dale estabilidad a tu sentimiento, dejate de sostener tu alegría en los bienes materiales, los amigos, las salidas o Internet.
Imitá a David. Proponete cada día que Dios sea tu alegría.
REFLEXIÓN – Dios, dale alegría a mi corazón.

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