18 de Febrero –

“Así que se levantó de la mesa, se quitó el manto y se ató una toalla a la cintura.” Juan 13:4
Autoridad
El concepto de autoridad fue cambiando a lo largo del tiempo. Cuando mi papá era chico un niño jamás iba a cuestionar una decisión de su padre. Le respondía con respeto y obediencia aunque no estuviera de acuerdo. La autoridad en las empresas era verticalista y dura. Nadie podía cuestionar a un jefe o gerente. No había amistad entre patrón y empleado. Todo era más distante y frío.
Hoy los chicos no solo cuestionan sino que mandan a sus padres y en muchas empresas hay una estructura de trabajo mucho más abierta y relajada, sin tanta burocracia. Pero hay algo que no ha cambiado que es el concepto de autoridad. Hay personas que imponen con su sola presencia respeto y obediencia. No hace falta que amenacen, ni que griten, tienen autoridad. El mismo curso que es indominable para muchos maestros, guarda silencio y escucha cuando llega ese maestro. Solo porque tiene autoridad.
Jesucristo estaba lavando los pies sucios de sus discípulos, tenía una toalla en la cintura y una palangana con agua. La tradición judía indicaba que cuando los invitados llegaban a una casa, el esclavo de la misma tenía que lavarlos los pies, que llegaban llenos de barro y tierra, para que puedan comer limpios. La última cena fue en un lugar prestado, no había esclavos para lavar los pies.
Así que los discípulos se sentaron a la mesa con los pies sucios. Ninguno quería rebajarse a hacer el trabajo más indigno del lugar. Todos se creían demasiado importantes, y con el derecho de ser atendidos por el resto, ninguno se quería humillar a lavar los pies sucios de los otros. Era algo desagradable, le tocaba a los peores.
Y es allí donde Jesucristo demuestra su divina autoridad. El Todopoderoso Dios eterno del Cielo, que estaba a horas de subirse a la cruz para matar a la muerte y darle vida y salvar a los hombres, se puso una toalla en la cintura y lavó los pies sucios y olorosos de once hombres pequeños y orgullosos.
Jesucristo no fue menos por hacer esto, al contrario. Realzó más su autoridad y demostró que se puede realizar la tarea más humilde a pesar de ser el Dueño de Todo. ¡Sublime ejemplo del maravilloso Jesucristo! Autoridad que no cambia.
REFLEXIÓN – Autoridad no es mandar, es ser.

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