18 de junio – Conexión

“Pero que pida con fe, sin dudar, porque quien duda es como las olas del mar, agitadas y llevadas de un lado a otro por el viento.” Santiago 1:6 (NVI)
¿Qué pasa cuando te quedás sin Internet? Por lo general, te agarra cierto pánico. No podés consultar tus mails, no podés navegar, se te complica el trabajo, no podés buscar información, y estás desconectado con la realidad. Te sentís viviendo en una burbuja, aislado del mundo exterior, solo y abandonado. En realidad, no es tan grave, pero para aquellos que la usamos mucho todos los días se vuelve casi adictivo o imprescindible. ¿Cuántas veces por día haces un “actualizar” de tu mail para saber si te entró algún mensaje nuevo? Nos volvimos Google dependientes. Y ante la menor necesidad googleamos esa palabra que nos llevará a saber qué se conoce sobre un determinado tema.
Lo notable de la situación, es que Internet sigue andando permanentemente, jamás se cancela, está disponible de manera constante. Internet siempre existe. Lo que sucede es que tenemos un problema con la conexión o está sobresaturada, o se nos cayó la banda ancha y por eso no podemos conectarnos. No es un problema de Internet, es que la conexión es mala y por eso estamos aislados. Lo único que tenemos que hacer es que la banda ancha vuelva a funcionar correctamente para volver a estar en el cyber espacio.
Estableciendo un parangón, me compartía Edu este pensamiento. Internet es como la oración. Es un canal de comunicación constantemente disponible, nunca se cae, siempre está abierto. No hay forma de que Dios no escuche nuestra oración. Él siempre está conectado para hacerlo. El problema es que a veces, nuestra oración no llega. Porque la banda ancha de la oración es nuestra fe. Y a veces dudamos.
Tenemos a nuestra disposición el arma más poderosa de la eternidad que es la oración, pero nuestra fe, muchas veces nos juega en contra y como nos recuerda Santiago, aquel que pide sin fe, no va a recibir nada. Dios lo ve como esa ola del mar que es sacudida por cualquier viento. Sin firmeza, sin fuerza, sin fundamento. Es cierto que los problemas cotidianos, minan nuestra fe y socavan nuestra confianza en Dios. Por la sumatoria de problemas y luchas que enfrentamos nos desanimamos con frecuencia, nuestra fe se debilita y la banda
ancha de nuestra oración pierde su conexión.
Hoy Dios nos desafía a confiar con plenitud en Su gracia. No pierdas la conexión con Dios.
REFLEXIÓN – Que tu fe no se desconecte.

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