18 de Marzo – Alumbra

“Porque sol y escudo es el Señor Dios; gracia y gloria da el Señor; nada bueno niega a los que andan en integridad.” Salmo 84:11
Alumbra
No todos los días son iguales, y por lo general, nuestro estado de ánimo cambia según las cosas que nos pasan. Y cuando estamos tristes, nos cuesta más ver a Dios como nuestro sol y nuestro escudo. Parece que Dios se aleja cada vez que tenemos problemas. Y estamos tentados a pensar que estamos solos.
Muchas veces cuando estamos tristes, perdemos la óptica de Dios. Duele tanto nuestro problema que nos olvidamos de quien es Dios. Y eso empeora las cosas. Aparecen la queja y el resentimiento, el dolor y el enojo. Y en lugar de acercarnos a Dios para buscar consuelo y ayuda, nos alejamos criticando su poco cuidado para con nosotros.
Porque suponemos que si Dios es tan bueno, tendría que saber que estamos sufriendo mucho y tendría que hacer algo al respecto. Cuando tienes un problema de mucho tiempo, o una enfermedad incurable, o te engañó tu novia, o diste mal el examen para el que habías estudiado durante tres meses, o le dieron el asenso a otro menos capacitado, cuando vos trabajaste más duro que nadie por ese puesto, o pasa algo que no te gusta y te lastima, nos creemos con el derecho de exigirle a Dios que intervenga para arreglar el problema de inmediato.
Y nos olvidamos que Dios es demasiado grande para ser cuestionado o condicionado. Y que nada de lo que Él permite en tu vida, está fuera de su control. Aun esa situación tan traumática es permitida por Dios para algo. Porque Dios es sol y escudo, y siempre te brinda su Gracia. Aunque cueste verlo cuando estás sufriendo, Él no te niega nada bueno.
Hay una razón divina y eterna para explicar lo que estás padeciendo. Aun en medio de tu dolor, Dios te quiere hacer bien. Su amor para nosotros no está limitado ni condicionado. Y si Dios permite que hoy estés pasando por una situación difícil, es porque sabe que eso tan doloroso hoy, va a resultar en bendición en el futuro.
No te olvidés quien es Dios. Dejá que Dios ilumine tu momento triste, con el calor de su presencia, de su amor y de su gracia. Dios sostiene, consuela y alienta.
REFLEXIÓN – Dios alumbra la oscuridad de tu tristeza.

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