18 de Mayo – Para

“Trae a todo el que sea llamado por mi nombre, al que yo he creado para mi gloria, al que yo hice y formé.” Isaías 43:7 (NVI)
¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? ¿Para qué fuimos creados? ¿Quiénes somos? ¿Para qué estamos? Son las típicas preguntas existenciales que los pensadores se han hecho durante siglos, y que ninguno pudo responder. Son temas sobre los que no pensamos demasiado. Vivimos demasiado apurados, corriendo detrás de las urgencias de este siglo XXI que no te deja meditar, donde todo es rápido.
Ya a casi nadie se le da por ponerse a pensar, vivimos por impulsos, a las corridas. Llegamos tarde al trabajo, a la escuela, a las citas, no alcanza el tiempo y el fin de semana se pasa volando. ¡¡ Y ya estamos en mayo!! En medio de esta vorágine que nos canibaliza el pensamiento, Isaías nos presenta una respuesta eterna a una pregunta cotidiana. Sin explicar las razones, Dios las sabe, Isaías nos aclara que fuimos creados para darle gloria a Dios.
Lejos de tener una finalidad hedonista y pasajera, de satisfacer nuestros deseos, y de tratar de pasarla lo mejor posible, el profeta nos declara un objetivo superior: Dar gloria a Dios. Parece un contrasentido de lo que se percibe a diario. Una mirada rápida en la sociedad que vivimos nos demuestra que las personas viven definitivamente lejos de Dios, indiferentes a Sus mandamientos, insensibles a la opinión del Señor sobre sus actos.
Asesinatos, violencia, bullying, violaciones, abuso de menores, barras bravas,
narcotráfico, secuestros, robos, violencia familiar, infidelidad, son las noticias
cotidianas que estamos acostumbrados a leer en los diarios y que ya no nos sorprenden.
Pero también padecemos este mal dentro de la iglesia: tibieza del corazón, comodidad, indiferencia, murmuración, envidia, peleas, falta de compromiso, son una constante en la congregación de hoy. Y tal vez, en tu vida. Estamos muy lejos de darle gloria a Dios con la manera en que vivimos y en que nos comportamos. No es que seamos malos, pero tampoco somos buenos. Nos excusamos argumentando que hay otras personas peores que nosotros, pero nos olvidamos que el parámetro de medición debe ser Dios.
Darle gloria a Dios es tener una vida transparente, una conducta ética permanente, un compromiso firme con la persona de Dios, y disfrutar de Su comunión y de Su presencia. Es más que servir realizando muchas actividades en la iglesia. Consiste en pasar más tiempo con el Señor de la obra, que en la obra del Señor.
REFLEXIÓN – Viví dando gloria a Dios.

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