19 de Febrero – Es


“Porque en Jesús habita corporalmente toda la plenitud de la divinidad, y vosotros estáis completos en Él, que es la cabeza de todo principado y potestad.” Colosenses 2:9-10 (RVR)
Es
La carta a los colosenses comienza con una estupenda descripción de Jesucristo. En aquella época, como ahora, había algunos que minimizaban a Jesucristo por haber sido hombre. Sin entender que la mayor gloria de Cristo fue que siendo hombre como nosotros nunca dejó de ser Dios.
Es un misterio que cuesta entender, pero que fue totalmente cierto. Por ello Pablo vuelve a remarcar en este texto esta gloriosa doctrina de Jesucristo. En Él habitaba toda la plenitud de la divinidad. Él era totalmente Dios, siendo a la vez, totalmente hombre.
Él es la cabeza de la iglesia y también es Señor de nuestra vida. Es notable como Pablo introduce otro concepto a continuación de esta declaración sobre Cristo.
Pablo nos recuerda que nosotros estamos completos en Jesús. ¡Qué idea tan extraña en un momento de la historia cuando nada alcanza, cuando estamos siempre preocupados por lo que no tenemos, por lo que falta!
Frente a esta sociedad consumista de hoy Jesucristo propone un estado de satisfacción. No es cierto que a los hijos de Dios nunca nos va a faltar nada y que nunca vamos a tener problemas. Posiblemente haya alguno sin trabajo o con enfermedad, alguno puede estar triste o angustiado, alguno puede tener problemas o carecer de alimento.
Estar completos en Cristo implica estar satisfechos. Estar en paz con lo que tenemos y somos. No implica ser un vago sin metas en la vida, ni tampoco un ambicioso que busca únicamente incrementar sus bienes materiales. Implica tener el criterio sano de querer mejorar en la vida, sin ser avaro, teniendo siempre en mente la voluntad de Dios.
Pablo podía decir “sé vivir en abundancia y sé tener escasez”, porque él estaba completo en Jesucristo. Lo externo no podía modificar su paz interior. Siempre quiso progresar, por eso trabajaba haciendo carpas, pero subordinó su bienestar a lo que Dios quería.
Cualquiera sea hoy tu situación, Dios sabe que tenemos necesidad. Y desea que te sientas completo en Él. Es una actitud del alma, es una tranquilidad interior que no proviene de los bienes que tengas, sino de tu relación con Dios.
REFLEXIÓN – Para estar completo en Cristo primero tenés que vaciarte de ti mismo.

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