19 de julio – Pérdida

“Ya conocen la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que aunque era rico, por causa de ustedes se hizo pobre, para que mediante su pobreza ustedes llegaran a ser rico.” 2 Corintios 8:9 (RVR)
La última crisis financiera del 2008 se comparó por su gravedad con la de 1930. Si bien las razones fueron distintas, hubo algo que se repitió casi calcado. Frente a las pérdidas sufridas, muchos hombres se quitaron la vida. Personas que habían creado fortunas y eran sumamente poderosos e influyentes, de la noche a la mañana no tenían nada. De la riqueza a la bancarrota. Y como no pudieron soportar tamaña ruina, eligieron suicidarse.
Resulta muy duro asumir el deterioro. Los seres humanos tenemos la capacidad de adaptarnos rápidamente a las mejoras. Cuando progresamos económicamente no tenemos inconvenientes en cambiar para estar mejor. Mi primer auto fue un Renault 4 modelo 89. La pasé muy bien con ese auto y en su momento me sirvió. Ahora que puedo elegir, no volvería a comprarlo. Prefiero comprar un auto mucho más moderno.
Pero el caso inverso es mucho más traumático. Nos acostumbramos fácilmente a las mejoras, pero nos produce un intenso dolor sufrir pérdidas, bajar de nivel social cuando se resiente nuestro poder adquisitivo y no podemos comprar lo que deseamos. Las pérdidas siempre duelen. Tanto, que algunos no pueden soportarlo, y deciden suicidarse. Tan profunda es su depresión que no pueden imaginar sus vidas sin el respaldo económico que tenían antes y prefieren terminarla.
Pensaba en Jesucristo, que fue admirable. Era el dueño de todo, y eligió no tener donde recostar su cabeza. Era el centro de la adoración celestial, y eligió ser discriminado y rechazado por simples mortales. Era eterno, y eligió meterse en un cuerpo de carne y hueso para sufrir. Era el rey que impartía órdenes, y eligió ser obediente hasta la muerte y muerte humillante de cruz. Era el autor de la vida y eligió morir.
Y todo lo hizo porque estaba pensando en vos, y deseaba que en tu pobreza fueras enriquecido. ¿Lástima? No. Jesucristo jamás actúa por lástima. Lo hizo por Gracia. Es la actitud de Jesús, que siendo rico se hizo pobre. No es un tema de plata. Es un tema de la actitud del corazón.
Enorme Gracia de Dios, que pierde para que vos ganes. Gigantesco regalo de amor, que soporta todas las pérdidas para darte sus mejores beneficios. ¡Que Dios que tenemos!
REFLEXIÓN – No perdés con Dios, siempre ganás.

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