19 de Mayo – Intención

“Y Dios, que examina los corazones, sabe cuál es la intención del Espíritu, porque el Espíritu intercede por los creyentes conforme a la voluntad de Dios”. Romanos 8:27 (NVI)
Hay cosas en nuestro interior que jamás serán conocidas. Pensamientos y situaciones que nunca se ponen de manifiesto. A veces es bueno, porque sería lamentable que se supiera aquello que pensamos de otros pero que no lo podemos decir porque los ofendería. Resultaría muy engorroso que se conociera públicamente lo mucho que envidiamos a fulano por la ropa que lleva o por la posición económica que tiene. Por lo general, disimulamos nuestros aspectos negativos. A diario padecemos situaciones engorrosas que quedan únicamente en nuestro pensamiento y que nos esforzamos por ocultar.
Existen otro tipo de situaciones en las que no es posible demostrar lo que hubiéramos deseado hacer, pero que no hicimos. Hubiéramos deseado llegar temprano a la cita, pero el tren estuvo detenido a mitad de camino media hora. Hubiéramos deseado saludar a alguien por el cumpleaños pero cada vez que llamábamos daba ocupado. Aunque después nos disculpemos y expliquemos lo sucedido, nadie pudo ver a ciencia cierta lo que hubo en nuestra secreta intención. Porque fue solamente eso: una intención.
Nunca pudimos llevarla a la práctica, y por ende, jamás pudo verse. Pero ¡Gracias a Dios que Él es distinto! Dios nunca se queda sin saber cuál fue tu intención, porque Él puede ver lo secreto de tu corazón. Dios también conoce la intención de tu espíritu. Y aunque nadie te crea, Dios sabe. Él conoce tu intención de tratar de serle fiel, y tu esfuerzo cotidiano por buscar su Presencia. Dios conoce esas cosas secretas que nunca pudiste hacer, aunque tenías muchas ganas de hacerlas, y todas esas obras que se frustraron antes de empezar.
Dios sabe, y porque es tan bueno, incluso va a premiarnos por las intenciones que tuvimos y que por alguna razón no se llevaron a la práctica. En su perfecta generosidad, Él puede pesar con justeza las intenciones de tu corazón, para dar una justa recompensa por tu deseo.
En la realidad de Dios, aun lo virtual de tu vida tiene importancia. Para bien o para mal, Dios conoce cada detalle de tu pensamiento y los sentimientos de tu corazón. Él pesa en la balanza cada acto y cada deseo. Y por su fidelidad, siempre paga.
REFLEXIÓN – Dios conoce tu intención y la valora.

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