2 de diciembre – Seguridad

«Pero tú no temas, siervo mío Jacob, ni desmayes, Israel; porque he aquí yo te salvaré de lejos, a ti y a tu descendencia, de la tierra de vuestra cautividad. Volverá Jacob, descansará, será prosperado y no habrá quién lo atemorice.» Jeremías 46:27 (RVR)
Cuando los factores que te dan seguridad se rompen, la crisis aparece. Cuando la estabilidad laboral se flexibiliza y existen amenazas de despido, comienza la inseguridad. Cuando la policía que debería cuidarte permanece indiferente a la ola de violencia que los delincuentes desatan, comienza el temor. Cuando nos falla aquel en quien confiábamos, comienza la duda.
Judá había sido destruido por el ejército de Babilonia. Solo quedaban ruinas de lo que fuera el próspero y ejemplar imperio de David y Salomón. El concepto de seguridad y prosperidad era sólo un lejano recuerdo en la mente de los más ancianos. El presente era sólo desolación y el futuro incierto y definitivamente malo. Lo único seguro que les quedaba era el refugio de Egipto. Un imperio fuerte y estable que se mantenía en pie frente al monstruo de Babilonia.
Pero el profeta anunciaba un desastre también para Egipto. Y la profecía de Dios ya estaba comprobado que se cumplía siempre. El anuncio daba escozor. Un ejército poderoso será destruido, soldados valientes y vigorosos serán aniquilados como niños. Menfis quedará desierto. Toda la seguridad y fortaleza de Egipto será aniquilada. Y el último bastión de seguridad para el pueblo de Israel será destruido. Al escuchar la noticia, la desesperanza fue un manto de oscuridad en el alma del pueblo. Ya no podían estar peor, llovía sobre mojado.
El futuro solo traería mayores problemas.
Y frente a esta desesperanza colectiva, Dios vuelve a hacer una promesa de amor: Él va a cuidar a la descendencia de Jacob. La hará prospera y no habrá quien la atemorice. Ninguna circunstancia, ni interna ni externa generará en ellos temor o incertidumbre. Dios les dará seguridad.
Tal vez hoy estás como el pueblo de Israel, mirando al futuro plagado de dudas, temores y preguntas sin respuestas. Y te angustia no saber qué es lo que puede pasar. Te inquieta la incertidumbre y te duele la expectativa de fracaso. Dios hoy vuelve a prometerte que Él va a cuidar de vos. Dios es tu garantía de estabilidad. Dios es tu refugio seguro para el temor del futuro. Dios es tu presente a salvo. No dudes de su poder.
REFLEXIÓN – Podés confiar en Dios.

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