20 de febrero – Dios

“Al único y bendito Soberano, Rey de reyes y Señor de señores, al único inmortal, que vive en luz inaccesible, a quien nadie ha visto ni puede ver, a él sea el honor y el poder eternamente. Amén.” 1 Timoteo 6:15-16 (NVI)

Desde que el humanismo impuso sus ideas en el Renacimiento, el ser humano se ha ido alejando de Dios cada vez con mayor rapidez. En la última mitad del siglo XX esta tendencia se hizo aún más evidente. El materialismo, el confort, los logros personales, los caprichos y gustos individuales hicieron que, paulatinamente, Dios fuera sacado de la realidad cotidiana de las personas y se convirtiera en un extraño.
Esta banalización de Dios provocó en las personas una idea desfigurada y devaluada de Él. Cada uno se cree con el derecho de cuestionar lo que Dios es, hace o piensa, y se cree con mayor sabiduría que Él para tomar decisiones. La humanidad minimiza a Dios considerándolo un igual, o lo que es peor, a veces alguien inferior.
Pablo vivía en una sociedad infectada de divinidades que producía el mismo efecto en las personas. Había tantos dioses, que ya no importaba quién era el más importante. Para el ciudadano común, la idea de la deidad era un confuso pandemonio de voluntades que no tenía influencia ni injerencia en su vida, por lo cual, era sólo un tema religioso sin interés.
Pablo puso con muy pocas palabras las cosas en su lugar. Sin discutir, sin filosofar, expuso una realidad incuestionable: Dios es Soberano. No hay nadie como Él. Dios está por sobre todo y por sobre todos. Él es la fuente de luz ciento por ciento pura, es el Señor de todos aquellos que se creen importantes y señores en este mundo. Él es el Rey que está por encima de todos los reyes que gobiernan esta tierra. Dios no es un ser en decadencia. Dios es absolutamente perfecto.
Dios no es como cualquier mortal a quien podemos cuestionar con argumentos humanos. No es alguien que está a nuestro nivel, como para exigirle o presionarlo. Dios es el único Inmortal, Eterno y Todopoderoso. Él es digno del máximo respeto y la mejor adoración. Merece toda la gloria y la alabanza. Porque además de todas sus eternas virtudes, Dios es amor. Y lo demostró con Jesucristo.
No te confundas, Dios no es tu igual. Es infinitamente más grande y más poderoso que vos.
REFLEXIÓN – Respetalo.

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