20 de junio – Bandera

“Nosotros cantaremos con gozo por tu victoria, y en el nombre de nuestro Dios alzaremos bandera. Que el Señor cumpla todas tus peticiones.” Salmos 20:5 (NVI)
Hoy se celebra el día de la bandera en Argentina. Desde hace una semana las calles están vestidas de celeste y blanco y en cada ventana de los edificios gubernamentales se ve una bandera. El mismo día de celebración del año pasado, estaba escuchando un programa de radio en el que se comentó al aire lo que ya había observado por la ciudad.
Muchas banderas que se veían en esos edificios estaban viejas, gastadas o sucias. Es muy notoria la diferencia al compararlas con aquellas que son nuevas. La diferencia se nota al instante. Pero lo más llamativo del tema es que comprar una bandera nueva, como las que se ven en las ventanas o en las calles, cuesta treinta pesos, aproximadamente el equivalente a nueve dólares.
Para cualquier secretaria de gobierno, representa un gasto casi insignificante. Lo triste de esta situación es ver lo que significa la bandera nacional para esas personas. Solamente un trapo que deben exponer en las fechas patrias porque el protocolo lo exige, y nada más.
Pero la bandera es mucho más que eso. Es nuestra insignia, nuestro estandarte, nuestros colores, nos representa en todo el mundo y nos distingue de todos los demás. La gloriosa bandera celeste y blanca es Argentina. Pero a veces, con nuestras actitudes, nuestra conducta, o nuestros actos mostramos lo mismo que una bandera manchada, sucia o vieja: indiferencia o desidia.
Este problema también lo tenemos en el plano espiritual. Hay de todo en la viña del Señor, la más variada calidad de personas que muestran sus banderas de cristianos cada día. Muchos demuestran compromiso y fidelidad a los colores, y despliegan una bandera nueva, limpia y digna del Reino que representa.
Pero otros, en cambio, viven una vida desteñida. Cuelgan las banderas de su vida los fines de semana y cumplen con el protocolo de la religión. Pero están sucias, gastadas o rotas. Perdieron la dignidad, la gloria, el honor. Viven vidas mediocres que no satisfacen a Dios y que no le dan gloria. Todo es a medias, sin pasión. Son esas vidas que nunca impactan en nadie, que sólo generan molestia, nunca aplauso; crítica, nunca admiración; problemas, nunca soluciones.
Y entre los dos extremos existe un sin fin de tonalidades posibles. En este día de la bandera ¿Cómo luce la bandera de tu vida? Que puedas darle gloria a Dios.
REFLEXIÓN – Que tu bandera luzca gloriosa.

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