20 de marzo – Hamaca

«Hermanos míos, considérense muy dichosos cuando tengan que enfrentarse con diversas pruebas.» Santiago 1:2 (NVI)
Mi tía Ruth nos regaló una hamaca para el parque de casa que instalamos cuando nos mudamos. Ella, como es muy previsora, tuvo la delicadeza de regalarnos un juego con dos hamacas, por lo que ahora podemos jugar con Juampi y con Connie simultáneamente. A ambos les encanta ser hamacados y nos piden que los impulsemos cada vez con más fuerza. La sensación de libertad y movimiento que la hamaca genera en los chicos es atrapante, porque combina el vértigo del impulso y la diversión del movimiento, con la seguridad de saber que papi o mami están detrás para garantizar su protección.
No importa cuan fuerte los empujemos, ellos se ríen y están contentos. A pesar de los vaivenes de la hamaca, ellos disfrutan, porque saben que sus papis no van a permitir que algo malo les suceda. Es diversión garantizada.
La vida a veces nos sacude como una hamaca, y otras como una montaña rusa. Los adultos, a diferencia de los niños, nos reímos poco, nos angustiamos mucho y nos estresamos más. Por lo general, nuestros días no son tan divertidos. Basta con mirar las caras de los que viajan en un tren o en un micro para confirmar esta teoría.
Y es muy posible que tu angustia de hoy esté sacudiendo tu vida, pero a diferencia de Juampi o de Connie, para vos esto no sea divertido. Santiago lo sabía, él había estado soportando la prueba de Dios bajo circunstancias muy adversas, pero a pesar de eso, pudo escribir esas palabras que hoy nos alientan a sentirnos contentos por estar pasando por la batidora. ¿Cómo puede ser esto? Porque Santiago sabía que a pesar de la violencia que estaba padeciendo o de la dificultad extrema de sus peores situaciones, Dios seguía teniendo el control de la hamaca de su vida.
Las circunstancias pueden sacudirte mucho, pero detrás de tu vida siempre está Dios para cuidarte. Desconocer esta realidad te frustra, desconfiar de Dios te enoja, suponer que no le interesa lo que te angustia empeora tu realidad cotidiana. Juampi y Connie me enseñaron que hay que aprender a confiar. Que nos podemos divertir y estar dichosos, aun cuando la hamaca se mueve.
Dios sostiene tu vida, podés estar confiado. Él solamente quiere tu bien.
REFLEXIÓN – Podés estar dichoso a pesar del movimiento negativo.

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