20 de septiembre – Leña

“Ella dijo: Nadie, Señor. Entonces Jesús le dijo: Tampoco yo te condeno. Ahora vete, y no vuelvas a pecar.” Juan 8:11 (NVI)
Es admirable la capacidad de Jesucristo para manejar las situaciones complicadas. El caso de la mujer adultera es un típico ejemplo. Según la ley ambos debían morir apedreados, tanto la mujer como el hombre. Pero sólo le habían traído a la muchacha. Y ella sabía lo que venía. Sin abogado, y con tantos fiscales, la sentencia estaba determinada antes de comenzar el juicio.
La maestría de Cristo para manejar ese momento tan ríspido, concluyó con la absolución de la acusada. Ella no podía creerlo. De repente, toda la multitud que esperaba la orden para comenzar a arrojar las piedras para matarla, comenzó a desconcentrarse. Primero algunos, luego otros. Todos. Hasta dejarla sola con Jesús.
Ella, tal vez, ni se atreviera a levantar la mirada del suelo, pero por el rabillo del ojo podía ver el movimiento silencioso de los que se iban. Pasaron varios minutos, y Jesucristo no levantaba la mirada. Estaba frente al Maestro esperando que alguien dijera algo, pero solo se escuchaba el silencio.
Hasta que, finalmente, Cristo habló de nuevo. Ya no quedaba nadie, pero el juicio todavía no había terminado. Ella sabía que había pecado, era consciente de su error y de que tenía enfrente a alguien con más autoridad y poder que los fariseos para juzgar.
Cristo no hizo ningún sermón sobre el pecado y la culpa, ni revolvió las cosas malas que esa mujer había hecho. No hizo un resumen de sus fracasos ni un inventario de sus errores. Simplemente le pidió que no pecara más. Eso era suficiente y Él lo sabía. Había arrepentimiento y conciencia de pecado en aquella mujer, había sido maltratada y agredida demasiado. Le hacía falta un mimo y Jesucristo es especialista en eso.
No pasó por alto su pecado, ni hizo la vista gorda, pero supo contener y alentar a un pecador arrepentido. En el presente, necesitamos la misma actitud. Estamos demasiado acostumbrados a la crítica y a la censura, a marcar el error y a hacer leña del árbol caído y nos regodeamos marcando errores ajenos.
Que hoy puedas cambiar, para ver como Jesús en el error del otro, en lugar de un blanco para pegar, ve una oportunidad de mejorar para crecer. La Gracia sigue abundando. No la limites con tu comentario.
REFLEXIÓN – Aprendé a sumar.

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