21 de Agosto – Terminado


Para presentársela a sí mismo como una iglesia radiante, sin mancha ni arruga ni ninguna otra imperfección, sino santa e intachable.” Efesios 5:27 (NVI)
Terminado
Estamos trabajando mucho en la empresa para poder generar reportes contables de gestión por centro de costo. Suena sencillo de hacer y con una herramienta de sistemas, es relativamente fácil. Pero se está complicando más de la cuenta. Lo que parecía muy fácil se está haciendo muy difícil de concretar. La lógica del sistema es que si se carga bien la información, se generan buenos reportes de gestión. Estamos enfrentado dos problemas, uno que la parametrización de sistema está mal hecha, con lo cual brinda mal la información; y otra que se ingresó información basura y el reporte muestra eso. En resumen, un problema complicado de resolver.
El producto terminado que la gerencia general demanda es un balance por centro de costo y un estado de resultado con apertura por local. Todavía no puedo darle eso y todo el trabajo que implica en análisis, control, ajuste y validación de cada saldo contable no tiene demasiado valor. Se mide por resultado  y el resultado no aparece.
Escuché este texto y la similitud fue asombrosa. Cristo me salvó para presentarme como una novia radiante, sin mancha y sin arruga, impecable, preciosa. Pero si analizo mi vida, estoy bastante arrugado, manchado y en vías de mejora. Muy lejos de ese objetivo supremo.
Si yo fuera Jesucristo, estaría muy frustrado de mi perfomance. Si me comparo con el ideal que Dios tiene de mi persona, no hay manera de justificar tamaña diferencia. Pero me alienta una verdad maravillosa: Cristo nos ve como un producto terminado. Ya me está viendo como una novia radiante y ejemplar. Su Sangre preciosa me limpia de todo pecado y me libera de la culpa de mis errores. ¡Glorioso Salvador! Frente a esta realidad hay tres actitudes posibles. Podemos actuar con mala intención y pecar indiscriminadamente sabiendo que Dios nos ve perfectos. Si elegimos esta opción, estamos muy lejos de Dios, y deberíamos replantearnos si realmente alguna vez creímos.
También podemos actuar con indiferencia y no intentar mejorar, total Dios igual nos perdona. La indolencia es tan mala como la primera opción, y deberíamos replantearnos lo mismo. O podemos reconocer el amor y la generosidad de Dios y como una muestra de gratitud y honor, trabajar cada día en mejorar nuestro estado espiritual, en dejar los pecados, en buscar la santidad cotidiana y en glorificar a Dios.
REFLEXIÓN – Sos un producto terminado.

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