21 de Julio – Culpa

“…¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual por el Espíritu eterno se ofreció a si mismo sin mancha a Dios, purificará vuestra conciencia de obras muertas para servir al Dios vivo?” Hebreos 9:14
Culpa
Cada vez que Argentina juega contra Colombia aparecen los fantasmas. Aunque ya pasaron más de 10 años, todavía pesa sobre la selección nacional el fracaso que sufrimos con Colombia en el año 1998. Argentina era favorita y estaba invicta. Jugábamos en Buenos Aires, era imposible perder. No se apostaba a ver quien ganaba, sino cuantos goles iba a hacer Argentina. Antes del partido, ya lo dábamos por ganado.
Terminamos perdiendo 5 a 0. El técnico de la selección en ese momento era Alfio Basile. Hay mucha culpa en la selección por aquel fracaso. No importa cuantos partidos le ganemos a Colombia, esa culpa no se puede borrar. Acusa, avergüenza, incomoda, entristece. No se puede compensar. Fue un fracaso muy duro, y todavía lo sufrimos.
El autor de lo hebreos, no sabia de football, pero sabia mucho de culpa. Hay cosas que no podemos perdonar. Culpas que cargamos con errores cometidos que nos pesan. Manchan la conciencia y hacen doler el alma. Actitudes, palabras, fracasos, peleas, desencantos, derrotas.
Hay cosas que hicimos que consideramos imperdonables. Y nos hacen sentir miserables, los peores de todos, indignos de ser queridos, merecedores de castigo. Nos sentimos como Argentina con la derrota frente a Colombia. La culpa no desaparece con el paso del tiempo. Se pone peor, más pesada y más oscura.
Por eso Dios nos alivia el alma con esta promesa maravillosa. Hay perdón y hay olvido. La obra enorme de Jesucristo en la Cruz del Calvario tiene el poder divino para perdonar todos los pecados y abrirnos la puerta del cielo. Pero además, tiene el poder para limpiar tu conciencia de todas aquellas cosas que vos no te perdonas. Y para eliminar tú culpa por todos tus errores pasados.
La Sangre de Cristo tiene más poder que tu conciencia. Si Dios mismo te perdona y olvida lo que hiciste, por más grave que sea, por peor que te sientas, por más grande que sea tu culpa o tu remordimiento, Cristo tiene la autoridad y el poder para eliminarlo.
Hoy podes eliminar tu culpa. Dejalo a Dios actuar en tu vida.
REFLEXIÓN – Ganale por goleada a la culpa.

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