21 de Noviembre – Bastón

“¿Qué es lo que tienes en la mano? Preguntó el Señor. Un bastón, respondió Moisés. Arrójalo al suelo, ordeno el Señor. Moisés lo arrojó y en ese mismo instante el bastón se convirtió en una serpiente.” Éxodo 4:2-3
Bastón
Es conocida la historia de Moisés. El esclavo que creció en el palacio del rey. Que un día, sus raíces pudieron más que su educación y mato a un egipcio. De príncipe a fugitivo, escapo del palacio y se escondió en el desierto.
De realeza a vivir con pastores ignorantes. Cuarenta años en el palacio, y cuarenta años en el desierto. Cuarenta años de lujos y cuarenta años de escasez. Había escuchado de Dios cuando era muy chico. Su madre le había tratado de enseñar todo lo que pudo en los pocos años que estuvo de nodriza.
Después fueron muchos años de escuchar de otros dioses, de otros temas, de otras prioridades. Dios pasó a ser solo un recuerdo de la niñez. Parecía algo muy lejano, de cuentos, estaba muy lejos de ser algo real y cotidiano.
Pero un día Dios se le aparece. En una zarza que ardía y no se consumía, Dios le habla a Moisés y le cuenta cual era su plan. Iba a usar a ese hombre fugitivo para liberar de la esclavitud a su pueblo.
Pero Moisés no quiere saber nada, se siente viejo, ya esta cómodo con las ovejas, no le interesa la aventura, los planes divinos ni el riesgo. Sabe que no tiene fuerzas, que no tiene apoyo, que esta solo. Y que lo respalda una voz que sale del fuego. No era mucho para dejar la tranquilidad.
Y entonces Dios le pide que tire su bastón. Un pedazo de madera que usaba para apoyarse. Lo tira y se convierte en una serpiente. Nunca pensó que podría suceder eso. Y cuando la agarro de vuelta, se convirtió en una vara. Nos cuesta creer en Dios cuando lo limitamos con nuestras limitaciones.
Hace falta hacerle caso a Dios para que el milagro suceda. Si Moisés no tiraba la vara, nunca hubiera visto el milagro. Hoy también necesitamos confiar en Dios, soltar lo que nos da seguridad, y ante el pedido de Dios, actuar con fe. ¿Qué te pide Dios que sueltes hoy? Él espera que lo tires. No te guardes tu bastón, te podés perder el milagro.
REFLEXIÓN – ¿Qué es lo que no querés soltar?

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