22 de enero – Matrimonio

“Esa ley la escribió Moisés para ustedes por lo obstinados que son, aclaró Jesús. Pero al principio de la creación Dios los hizo hombre y mujer”. Marcos 10:5-6 (NVI)
Titular de la noticia publicada en el Diario Clarín el 14 de enero del 2009 –  “Baja histórica de casamientos: en 2008 hubo menos que en 1918”.
El informe comenta, además, que en el 2008 no se llegaron ni a los 13 mil matrimonios que se registraron hace 90 años, cuando la población de la ciudad de Buenos Aires era la mitad. Cada vez más gente decide convivir sin casarse. Mientras tanto, el número de divorcios sigue incrementándose en forma alarmante. En este aspecto, la ciudad de Buenos Aires tiene presunciones de primer mundo, en donde el matrimonio y la paternidad también están en decadencia.
Los judíos de la época de Jesucristo padecían el mismo mal. Pocos matrimonios, muchos divorcios. Era complicado mantener una relación estable, y por ese motivo le plantearon a Jesús el dilema. Se justificaban argumentando que Moisés había permitido el divorcio.
El Señor Jesús, como respuesta, les clarificó el plan de Dios. En su idea original, el matrimonio es para toda la vida. Es el lugar donde criar y educar a los hijos en los caminos de Dios. Es el sitio donde los esposos se cuidan, se aman, se miman y se divierten.
Actualmente, en Buenos Aires experimentamos la menor cantidad de matrimonios de los últimos 90 años, porque las personas ya no creen en la familia. Se hacen y se deshacen las parejas con pasmosa facilidad. Nos olvidamos del concepto divino. La familia es la base de la sociedad. Una familia bien constituida, donde el amor, la Biblia y el respeto mutuo son el sustento cotidiano, potencia una sociedad mejor.
La violencia, los abusos y los males que soportamos en el presente son el resultado de haber destruido la familia adecuándonos a las normas de este siglo. Hoy, es normal que haya matrimonios cristianos separados, peleados o divorciados. Las razones pueden ser múltiples, y cada caso es particular. Pero como concepto general, Dios demanda que el matrimonio sea en santidad, en dependencia de Él, y siguiendo Su voluntad.
En este marco, la posibilidad de fracaso matrimonial se minimiza. Porque dependiendo de Dios, y sujeto a Sus normas, la convivencia de la pareja puede superar cualquier diferencia. Es lo que Jesucristo les respondió a los judíos de su época. Originalmente, fue ésta la idea concebida por la mente de Dios.
Si hubo errores, la gracia de Dios los suple. Aprendamos, para no equivocarnos en el futuro.
REFLEXIÓN – Volvé al plan original.

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