22 de Febrero – Saber

“Sabiendo que el que resucitó al Señor Jesús, a nosotros también nos resucitará con Jesús, y nos presentará juntamente con vosotros.” 2 Corintios 4:14
Saber
El Apóstol Pablo fue sin duda uno de los más grandes ejemplos de la iglesia primitiva. Sin lugar a dudas hubo miles de cristianos fieles que sufrieron terribles tormentos por amor al Nombre del Señor Jesucristo. El exilio, la dispersión familiar, el hambre, la perdida de trabajo, la cárcel, ser quemado vivo, enfrentar a leones en el circo romano, fueron la experiencia silenciosa de miles de hombres y mujeres que prefirieron seguir fieles a Jesucristo. Poco y nada sabemos de ellos, la historia no nos deja nombres ni sucesos.
Pero creo que pocos se pueden comparar con lo que hizo este gran hombre de Dios. Su influencia fue determinante para darle potencia internacional e interracial a un movimiento que había comenzado en una ciudad judía.
Sus escritos inspirados son casi la mitad del Nuevo Testamento y siguen educando cristianos dos mil años después de su muerte. Su ejemplo sigue siendo motivador de buenas intenciones. Pero Pablo era igual que vos y que yo. No era un super héroe. Era de carne y hueso, se cansaba, tenía hambre, quería divertirse, tenía tentaciones, se deprimía, se enojaba.
Para colmo, lo castigaron y torturaron regularmente durante todo ministerio, lo echaban de las ciudades como si fuera un leproso, era resistido por los judíos cristianos más tradicionales. ¿Cómo hacía un hombre con tantos problemas y contras para ser tan excelente? ¿Cómo hacía para estar por sobre los problemas y mantener siempre un estado de ánimo tal que pueda seguir llevando a cabo su ministerio a pesar de tantas piedras en el camino?
Pablo sabia algo que experimentaba en su propia vida. Él sabía del Poder de Dios. No era algo que había leído en un libro o que le habían contado. Pablo conocía el Poder de Dios en acción porque lo había experimentado en su propia vida. ¿Qué hay más fuerte que el poder de dar vida a lo que está muerto? Ese es el poder de Dios.
Si hoy estás cansado, indiferente, sin ganas, aburrido o enojado y por eso no querés aceptar el desafío que Dios te ofrece, Pablo hoy te desafía a que pruebes el maravilloso poder de Dios. Vitalidad garantizada para disfrutar la vida que Dios ofrece.
REFLEXIÓN – tienes que saber lo que Pablo sabía.

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