22 de marzo – Constancia

“Y la constancia debe llevar a feliz término la obra, para que sean perfectos e íntegros, sin que les falte nada.” Santiago 1:4 (NVI)
Últimamente, el verbo más utilizado en los múltiples proyectos que desarrollamos en nuestra vida es “abandonar”, una costumbre muy difundida en nuestra cultura del siglo XXI. Hoy resulta mucho más sencillo abandonar un trabajo conflictivo que terminarlo con éxito. Vivimos en una sociedad en la que priman la mediocridad y el no compromiso. Si no hay una moneda detrás de lo que estamos haciendo, no nos preocupa demasiado cumplir satisfactoriamente con lo que nos encargaron.
Estudiamos el último día antes del examen para ver si aprobamos de casualidad. Llegamos tarde a nuestros compromisos y dejamos colgados a los que nos esperan. Nos excusamos por nuestra incompetencia echándole la culpa a las circunstancias de la vida. Pero, difícilmente encontremos a una persona que llegue al final de un proyecto cuando las contras son muchas. Sucede en el trabajo, cuando el puesto y el sueldo dependen de nuestra responsabilidad y nos cuesta cumplir.
Por eso, Santiago nos dejó esta máxima para que reflexionáramos. Dios tiene un objetivo para tu vida y para la mía. Nos pide que seamos perfectos e íntegros. Perfectos no significa inmaculados, porque nadie podría llegar a serlo. El concepto de perfección, acá, se asimila al de madurez, se refiere a estar completo. Comemos la manzana cuando está madura. Antes es fea y desagradable. De la misma manera, un cristiano inmaduro, es feo y desagradable. Es un fruto, pero sirve para poco. No es perfecto.
El otro objetivo es ser íntegro. Y esto se aplica a una condición de vida. No solamente debemos ser maduros o completos sino, además, de una sola pieza, homogéneos, estructuralmente enteros, sin dobleces, cuidadosos de los materiales que nos componen. No es lo mismo tomar un buen vino, que tomarlo con agua. Este último no es
íntegro, y pierde mucho de su sabor original. El cristiano que no es íntegro, que no tiene las pautas de Dios como mandatarias en su vida, pierde sabor. No deja de ser un fruto completo, pero no vale lo mismo. No es íntegro.
Para alcanzar estas dos complicada virtudes, no hay caminos mágicos, ni artilugios maravillosos. Hay una sola condición. Ser constante. Seguir enfocados en el objetivo y no desviarnos. Vos ¿sos maduro e íntegro?
REFLEXIÓN – Podés. Vos elegís tu condición.

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