23 de febrero – Refugio

“Jehová será el refugio del pobre, refugio para el tiempo de angustia.” Salmos 9:9 (RVR)
Antes de la creación de la pólvora, las ciudades amuralladas eran un refugio seguro. Por lo general, los campesinos no vivían dentro de la ciudad, pero cuando aparecía algún peligro inmediatamente se resguardaban en ella.
Para el salmista, un hombre habituado a la guerra, contar con una muralla era una gran ayuda. Constituía una fortaleza difícil de destruir. Y de la misma manera que esa muralla de piedras le daba seguridad y confianza cuando atacaba un enemigo, Dios le daba seguridad y confianza cuando aparecía la sombra de la angustia.
Hoy pareciera que hay otros remedios para combatirla. Algunos usan pastillas recetadas, otros se aturden en la música, otros se evaden saliendo con amigos, otros buscan el olvido en la bebida, algunos más en la droga, otros optan por el silencio. Pero la gran mayoría de los que echan mano de estos recursos, por lo general, vuelven a necesitarlos. Porque cuando se pasa el efecto, el problema sigue existiendo. Porque sólo esconden la complicación por un tiempo; luego vuelve a aparecer.
Pero la solución del salmista es definitiva. El nos recuerda que Dios es ese refugio alto y fuerte contra la angustia. Es la misma idea del acantilado y las olas. Siempre el acantilado está más alto, y por más fuerte que sople el viento y más altas sean las olas, nunca lo pueden superar.
Dios es igual. Es la muralla que detiene todo lo malo que puede afectar tu vida. Es la muralla contra la angustia, la tristeza, la soledad. Es la muralla que te puede separar de la inquietud. No hace desaparecer el problema, lo mantiene alejado. Dios tiene el poder para darte paz, aún en medio de la aflicción. Cuando afuera todo es descontrol y dificultad, dentro Dios puede darte tranquilidad y paz.
Sólo tenés que darle la oportunidad y pedirle que te ayude. Es muy posible que la ayuda no aparezca en la forma en que vos deseás, ni en el momento en que querés. Dios garantiza Su paz en tu corazón y Su ayuda siempre es oportuna. No podés pelear solo contra la tristeza. Llevás las de perder. Es mucho mejor aceptar la protección de Dios. El te ama, y quiere darte Su paz.
REFLEXIÓN — En un mar de angustia, Dios es el acantilado de la Paz.

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