24 de Diciembre – Lugar

“Y dio a luz a su hijo primogénito; le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.” Lucas 2:7
Lugar
En Argentina hubo un boom de ventas navideñas. La cámara de comercio indicó que hubo casi un 35% de incremento en las ventas para estas fiestas, en relación al año anterior. Bastaba con entrar en un shopping para ver la locura de compras. Las personas cargaban múltiples paquetes, salían de los supermercados con comida para un batallón de infantería, compraban pirotecnia como para invadir Irak.
El clima festivo estaba en todos lados, regalos, abrazos, cariño, mesas llenas de deliciosos platos, cosas dulces, comidas frías, muchos regalos debajo del arbolito de navidad. Parece que cada año que pasa, la tradición hace que estas costumbres se establezcan con más fuerza y se imponga este consumismo de las fiestas. Encuentros con la familia, después con amigos, diversión, alegría.
Pero me dio la impresión, que entre tantos festejos, muy pocos se acordaron del cumpleaños de Jesús. Al fin y al cabo, es el motivo de la navidad: celebrar el nacimiento del niño Jesús. Compramos regalos para todos los parientes, hicimos comida de más por si venía alguien a último momento, había mesas largas, o mesas cortas, negociamos con los familiares para ver con quien pasábamos las fiestas, nos vestimos y perfumamos, pero nos olvidamos de Jesús.
Censuramos al mesonero que no le dio un lugar en su posada, hace más de 2000 años, porque estaba demasiado ocupado, tratando de sacar el mayor provecho del censo para llenar su hotel y obtener mayores ganancias. Pero actuamos igual que él cada navidad. Estamos muy ocupados en cada detalle de la fiesta, disfrutamos y comemos, regalamos y nos regalan, pero dejamos a Jesucristo afuera. No hay lugar para Él, en nuestra fiesta de Navidad.
Lo maravilloso de Jesucristo es que a pesar de dejarlo fuera de la fiesta, de no recordar su cumpleaños, de no darle ningún regalo en su día, de despreciarlo y reemplazarlo por otras cosas, Él nos sigue amando y esperando. No es la magia de la Navidad, es el Amor de Dios para los pobres y egoístas seres humanos, que una vez más, como hace tantos años en Belén, hubo muy pocos que disfrutaron y celebraron la llegada del Mesías.
No lo dejés afuera, que Cristo sea hoy el centro de tu fiesta.,
REFLEXIÓN – Solo con Jesús dentro, es una feliz Navidad.

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