24 de Febrero – Esponja


“No se conformen a este mundo, sino renueven su entendimiento para que puedan comprobar la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.” Romanos 12:2 (NVI)
Esponja
En el acto de inicio de clases en el colegio de Juampi y Connie, la maestra responsable de Educación Cristiana nos dio una clase magistral de lo que Dios puede y quiere hacer en nuestra mente. Una maestra experimentada que durante años estuvo enseñando de la Biblia a chicos de primer grado sabe muy bien que es necesario ser didáctico para que la enseñanza quede.
Así que, en lugar de dar un largo discurso que hubiera aburrido a toda la concurrencia, esta maestra trajo una mesa con dos fuentes y dos esponjas grandes. En cada fuente había agua de un color distinto.
Y nos pidió que durante todo el año ayudáramos a nuestros hijos siguiendo el manual de la Biblia, colaborando con el colegio a enseñarles las Verdades de Dios, aunque sean muy distintas a las reglas de conducta que estamos acostumbrados a vivir. Para explicarnos por qué era tan importante que hiciéramos ese trabajo en conjunto, tomó una esponja y la sumergió en una de las fuentes.
Mientras lo hacía nos decía que nuestra mente es como la esponja. Sin información está seca y dura. Pero cuando le damos información absorbe todo lo que tiene cerca y toma el color del líquido que absorbió.
Y lo mejor es que puede dar del líquido que tomó. No puede dar nada que no haya recibido pero puede compartir el líquido que tomó de la fuente. Nuestra mente hace lo mismo. Absorbe todo lo que tiene cerca y se llena de información. Solo podemos dar aquello que recibimos.
¿De qué llenás tu mente? ¿Con qué color recargás tu cerebro? Damos lo que absorbemos y por lo general, cometemos el error de meter en nuestra mente mucha información que no es de Dios. ¿Cuánto tiempo dedicás a leer la Biblia? ¿Cuánto tiempo dedicás a leer libros sobre Dios? ¿Cuánto a la tele o a la play? ¿Cuánto a conversaciones malintencionadas, chismosas o criticonas?
Dios quiere renovar nuestra mente pero para hacerlo hay que darle lugar. Hay que trabajar en limpiar y sacar aquellas cosas que ensucian,  y reemplazarlas por las Verdades de Dios que limpian el alma y refuerzan el corazón para decidir bien.
REFLEXIÓN – Cuidá la esponja de tu mente.

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