24 de Febrero – Morada

“¿No saben que ustedes son templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes?” 1 Corintios 3:16
Morada
Hay mucha gente que lamentablemente vive en una situación muy precaria. Con casas a medio hacer, ventanas sin vidrio, techos que gotean, y la lluvia y el frío hacen más notoria la falta y la ausencia de posibilidades. Otros viven debajo de un puente, o en casas de cartón, o en alguna estación de tren.
Los días que llueve y hace frío, hacen que valoremos más nuestra morada. Y agradecemos por la casa que tenemos. Pero cuando invitamos a alguien a nuestra casa, descubrimos los errores. Ya no valoramos más que el techo no gotee o que las ventanas tengan vidrio. Cuando viene un visitante a casa, nos damos cuenta que la pared tiene humedad, que está el baño sucio, o que nos falta una cortina.
Intentamos disimular el desorden, limpiamos lo mejor que podemos, tiramos desodorante de ambiente. La situación se agrava si el invitado es alguien con quien no tenemos tanta confianza, como un personaje famoso, o nuestro jefe. Casi como que nos da vergüenza mostrar nuestra casa pensando en lo que va a pensar nuestro invitado.
Y la misma casa que hace un rato era un lugar agradable y hermoso que nos cuidaba de la lluvia y del mal tiempo, ahora es una vergüenza porque tiene defectos y problemas.
Y me ponía a pensar que Dios habita en mí. Que soy la morada de Dios, y esto me hizo pensar. ¿Qué tipo de habitación le estoy ofreciendo a Dios? A veces no nos importa darle a Dios la peor habitación del corazón. Dejarlo en la casa de nuestra vida en medio de suciedad, pecado y olvido. No nos preocupa que Él viva permanentemente en nuestra vida y que comparta todas nuestras miserias y errores.
Tendríamos que arreglar a diario nuestra vida, con la misma dedicación que limpiamos, ordenamos, acomodamos y embellecemos nuestra casa cada vez que viene algún invitado. Porque tenemos en nosotros al Ser mas grande e importante del universo. Dios merece la mejor habitación. ¿Que piensa del estado actual de tu vida? No hagas una lavada de cara, solo para zafar el momento. Dios merece una limpieza profunda y sincera. El merece una morada digna y santa. Él merece la mejor habitación cada día.
REFLEXIÓN – Dios nunca se va de tu corazón, nunca.

Artículos relacionados