25 de octubre – Simulación

“Si alguien cree ser algo, cuando en realidad no es nada, se engaña a sí mismo.” Gálatas 6:3 (NVI)
Los políticos en campaña tienen una conducta reiterada. Siempre en su discurso presumen que van ganando en las encuestas y que serán los vencedores en las urnas. Pero la realidad muestra que esos políticos jamás serán ganadores. Se escucha sus palabras pero suenan huecas; se sabe que van a perder. Sin embargo, el político de turno sigue perjurando su victoria. Luego, la sentencia de las urnas es lapidaria.
Analizando la situación después de las elecciones, resulta infantil y hasta tonta la actitud de aquellos que sostenían una mentira sabiendo que era una mentira. Es el peor de los engaños, porque sus consecuencias son nefastas para el mismo mentiroso. Pierde toda credibilidad y queda inhabilitado para el futuro.
Pablo conocía muy bien este tema. Personas que se creen más de lo que en realidad son, que sostienen una mentira pero saben que en la confrontación con la realidad, a la corta o a la larga, va a terminar descubriendo lo que quisieron tapar. La mentira tiene patas cortas. Es habitual que esta conducta se manifieste en las relaciones sociales, donde cada uno desea mostrar su mejor faceta y ocultar los errores.
Pero, este mal de la simulación se metió dentro de la iglesia. Y esto es lamentable. En el ámbito donde deberían potenciarse las relaciones honestas y verdaderas, encontramos cristianos que fingen. No es solamente el adolescente que tiene una doble vida y muestra una cara espiritual en la reunión y sale al boliche el sábado por la noche.
Se ve también en líderes, responsables, maestros o pastores, que se creen que son mucho, pero no son nada. Aparentan. Y cuando la realidad sale a la luz, el daño que causan en la iglesia siempre es mayor que el aporte que le hicieron. El desencanto de la simulación destroza. Y así como al político le quita credibilidad, a los hijos de Dios más débiles o a los más nuevos puede inducirlos a apartarse del camino.
Pero el problema no es lo que los demás hacen. El verdadero problema es lo que vos y yo hacemos. Y cuánto de nuestra conducta demuestra lo que realmente somos. Es tiempo de dejar las máscaras y de ser auténticamente cristianos. Dios lo exige. Si vos sos nada y te crees algo te engañas como el político en campaña que sabe que va a perder y se vende ganador.
REFLEXIÓN – No te engañes, mejor deja de simular.

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