26 de agosto – Metamorfosis

“En otro tiempo te era inútil, pero ahora nos es útil tanto a ti como a mí.” Filemón 1:11 (NVI)
La historia que nos revela Pablo entre líneas sobre Onesíforo, en su carta a Filemón está plagada de detalles preciosos. Onesíforo era un esclavo de Filemón. En aquellos tiempos, un esclavo era una herramienta viva. El amo podía disponer de él como deseara. Incluso podía matarlo sin que la justicia lo acusara de asesinato. El esclavo no tenía derechos, sólo pesadas obligaciones.
Y si alguno intentaba huir, la pena por tal acto era la muerte, en los casos más piadosos; o ser torturado con salvajismo hasta la muerte ante la vista de los demás esclavos, para darles un escarmiento ejemplar. Onesíforo se había escapado. Había robado de su amo para los gastos del viaje. Y no sabemos por qué, lo metieron en una cárcel.
Por la Gracia divina, en esa misma cárcel estaba el apóstol Pablo. Apenas entró el nuevo preso, este hombre incansable le predicó el evangelio. No sabía nada del nuevo, ni siquiera lo conocía, pero le predicó y Onesíforo se convirtió. Uno nuevo, salvado para Dios. Y en esa cárcel oscura, Pablo comenzó un discipulado, y se enteró de la vida de Onesíforo. ¡Había sido esclavo de un amigo suyo!
Por eso le escribe la carta a su amigo Filemón. En ella, le da esta grata noticia. Se había producido un cambio. Antes era esclavo, ahora era libre. Antes era inútil, ahora era útil. Y Onesíforo regresaba a su lugar siendo otro. No sabemos qué sucedió cuando llegó. Pero de una cosa estamos seguros. El hombre que volvió era bien distinto al hombre que se fue.
Pasaron más de dos mil años, y el poder de la Gracia de Dios sigue siendo el mismo. Dios tiene hoy la misma potestad para cambiar vidas, actitudes, pensamientos y acciones. Pero muchas veces vos y yo no evidenciamos ese cambio. Seguimos actuando impulsados por los parámetros de nuestra antigua vida, y mantenemos los viejos hábitos que tendríamos que haber mejorado.
Excusas tenemos muchas. Tantas como Onesíforo. Pero cambios tenemos pocos. ¿Todavía estás igual que hace seis meses? ¿Estás peor en tu relación con Dios y en tu vida de comunión? Este hombre nos desafía a imitarlo en el cambio que tuvo. Proponételo, a partir de hoy comenzá a cambiar. A demostrar una conducta cristiana cada día y todos los días.
REFLEXIÓN – Mostrá tu cambio.

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