26 de enero – Cambios

“Yo, el SEÑOR, no cambio. Por eso ustedes, descendientes de Jacob, no han sido exterminados.” Malaquías 3:6 (NVI)
 
Si buscás resultados distintos, no hagas siempre lo mismo. Albert Einstein.
Estaba haciendo un curso para ampliar las capacidades comerciales y de relaciones públicas, y entre las muchas cosas que explicó el instructor hizo referencia a esta frase de Albert Einstein. Él estaba enfocando nuestra atención sobre la necesidad de modificar los paradigmas actuales para el abordaje de potenciales clientes y los mecanismos más
eficientes de acercamiento. Su idea sobre las nuevas metodologías se basó en este principio.
Si repetimos lo que veníamos haciendo hasta ahora, no obtendremos resultados distintos. Pero, un cambio de actitudes no garantiza de por sí que alcancemos el éxito. Podremos tener éxitos o fracasos. Lo que seguro garantiza, es un resultado diferente al que habíamos obtenido hasta ahora.
Esta máxima del gran científico, se adapta para todos los órdenes de la vida. Si querés adelgazar, no podés seguir comiendo las cosas que te engordan. Si querés recibirte, no podés seguir estudiando el día anterior al examen. Si querés recibir el aumento en el trabajo, no te conviene seguir llegando tarde. Cambios para obtener resultados distintos.
Lo mismo aplica para la vida espiritual. No podemos pretender mejorar espiritualmente, ser más maduros, estar más comprometidos con Dios, amarlo y adorarle mejor, si seguimos cometiendo los mismos pecados en los que incurríamos hace años. No podemos obtener resultados diferentes si continuamos con idénticas actitudes. Por eso Dios nos pide que le permitamos renovarnos, que cambiemos, que progresemos, que dejemos que Su Espíritu modifique, transforme y restaure nuestra vida, nuestra mente, nuestra alma y nuestro cuerpo, para así identificarnos con Él.
Es una decisión cotidiana y muy difícil de sostener en el tiempo. Seguramente, las promesas que hiciste hace veintiséis días ya las rompiste o las desechaste y seguís siendo el mismo que antes. Por eso, tus resultados no son distintos. Estás indiferente a Dios. Te da lo mismo serle fiel o pecar. No tenés ganas de ir a la iglesia y no tenés pasión por Jesucristo.
¡Gracias a Dios que Él es distinto! Y no cambia. Por Su misericordia y por Su amor, nos sigue esperando. Su paciencia no tiene límites y Su gracia sigue vigente a pesar de nuestros desplantes. Pero tenemos que cambiar. Hoy es un buen momento. Empezá a modificar tus hábitos para acercarte a Dios.
REFLEXIÓN – Dios espera verte mejor.

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