26 de Febrero – Algo


“Muchas veces lo ha echado al fuego y al agua para matarlo. Si puedes hacer algo, ten compasión de nosotros y ayúdanos”. Marcos 9:22 (NVI)
Algo
Jesucristo estaba bajando del monte con Pedro, Jacobo y Juan luego de una gloriosa transfiguración, mientras hablaba con Elías y con Moisés. Nadie sabe de qué hablaron pero definitivamente, no habrá sido del tiempo o de la política social de Roma. Fue un tiempo de gloria, donde Cristo mostró Quién era: Dios.
Apenas bajan de semejante momento se encuentran a una multitud peleando y discutiendo; y en el medio un padre desahuciado. Tenía un hijo con epilepsia que estaba endemoniado, sordo y mudo. Sus ataques eran tan violentos que se sacudía y arrojaba espuma por la boca, y nadie podía detenerlo.
Comenta el evangelista que el joven se estaba secando, se estaba consumiendo física y mentalmente por la enfermedad. Y el padre ya estaba desesperado. Había visto sufrir a su hijo durante años sin poder ayudarlo o  hacer que mejore. No tenía esperanza, solo quería algo de paz. En semejante estado llegó donde estaban los discípulos y les pidió ayuda. Ellos no pudieron hacer nada.
Enconces llega Jesucristo, y el padre le dice: “Si puedes hacer algo, por favor, ayudanos”. ¡Se lo estaba pidiendo al mismísimo Dios! A aquel que dijo a María en Belén: “No hay nada imposible para Dios”. A aquel que le dijo a Sara, la estéril: ”No hay nada difícil para Dios”. Al Creador, al que abrió el mar Rojo, al que resucitó a Lázaro.
Pero este hombre estaba vencido y dudaba de todo. Y si Dios podía hacer algo, alguna cosita, cualquier cosa era bienvenida. Mientras escuchaba hablar de este hombre, me identifiqué con él. Es fácil criticarlo por su falta de fe. Es sencillo ponerse en el pedestal de los que señalan con el dedo acusador por su falta de confianza. Pero los golpes de la vida a veces te tiran al piso y te dejan casi knock out.
Rescato de este padre desesperado su siguiente frase: “Creo, pero ayuda a mi incredulidad”. Tal vez hoy le estás pidiendo a Dios una migaja, una ayudita de lástima, lo que le sobra. Y desconfías que pueda responderte, porque hace muchos años que no te responde. No pidas algo. Pedile todo. No dudes, no pierdas la fe. Si le pedís a Dios, al Creador y Sustentador, al Eterno, al Todopoderoso, tenés que confiar que Él va a hacer. Es difícil, pero necesario.
REFLEXIÓN – No pidas algo, pedí todo.

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