26 de julio – Abandona

“En ti pondrán su confianza los que conocen tu nombre, porque tú, oh Señor, no abandonas a los que te buscan.” Salmo 9:10 (NVI)
Juampi estaba muy sensible desde que le habían sacado el yeso. En parte, era porque le dolían las incisiones que le hicieron en la operación. En parte, por la impresión que le causaba tanta agresión externa. Es chiquito, y se bancó una operación terrible. Demasiado bien se portó. Pero después, sin la protección del yeso se sentía débil e inseguro.
Nos destrozaba el corazón escuchar como se quejaba cada vez que teníamos que moverlo o cambiarlo. Miri llevaba la peor parte, porque lo cuidaba, cambiaba y curaba durante todo el día. Y por las noches, como estaba muy tenso por temor a que le doliera, no se relajaba y no descansaba. Se despertaba de madrugada con quejidos. Sólo podíamos abrazarlo y contenerlo hasta que se calmaba. Tan grande percibió la agresión externa por la operación que su desconfianza se multiplicó.
Cualquier situación era un riesgo potencial para sufrir nuevamente. Y por eso estaba en guardia permanente para enfrentarla. No quería que lo tomara desprevenido. Pero lo que Juampi no entendía aún, era que esa desconfianza y tensión le generaban mayor malestar. Que si hubiera confiado en que únicamente queríamos ayudarlo y cuidarlo para que estuviera mejor, se hubiera podido relajar. A veces lo lograba, pero a veces no.
Se entiende, porque padeció mucho. Y tanto sufrimiento genera desconfianza y susceptibilidad. Pero a pesar de tantas contras, Juampi sigue confiando. A pesar de tantos dolores y quejas, sigue creyendo que sus papis lo vamos a cuidar y a proteger. Sin importar lo cansados o angustiados que estemos, Juampi sabe que siempre lo vamos a cuidar.
Me hizo pensar en mi situación personal con Dios. Con mucho menos sufrimiento, soy . mucho más desconfiado con Su Persona. Aunque sé que Dios es eternamente fiel y jamás falla, los dolores y frustraciones del pasado me hacen desconfiar de su amor y seguridad. No hay lógica en este pensamiento. Es nada más que una impresión personal. Pero lo que muchas veces no me doy cuenta, es que este pensamiento me daña en el presente y en el futuro.
Muchas veces por mi inseguridad o por mi profundo dolor, no confío plenamente en la bondad de Dios, porque según mi criterio, no me está escuchando o respondiendo. Y me olvido que Dios jamás me abandona.
REFLEXIÓN – No desconfíes de Dios. Jamás te deja.

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