27 de abril – Manantial

«Porque contigo está el manantial de la vida.» Salmo 36:9 (RVR)

En la antigüedad la vida era mucho más dura y complicada. Actualmente estamos acostumbrados a la tecnología moderna: a tener luz, gas y agua corriente; a usar la heladera, el microondas o la compu. Tenemos la posibilidad de satisfacer nuestras necesidades sin inconvenientes. En Buenos Aires los shoppings están abiertos de lunes a lunes hasta las diez de la noche, y las grandes cadenas de supermercados también. Soluciones al alcance de la mano para cualquier cosa que precisemos.
Pero antes no era así. No existía la electricidad, ni el gas envasado, ni el agua corriente. No había almacenes de ramos generales, ni kioscos de golosinas. La vida era más difícil. Se trabajaba de sol a sol, se comía poco y mal, no había comodidades, y si alguien era afectado por alguna enfermedad grave, sólo podía esperar la muerte ya que no había hospitales ni médicos.
A nadie se le ocurría bañarse en la casa. Apenas si tenían algo de agua para tomar, cocinar y lavarse las manos. Había que ir a buscarla a un pozo, siempre lejos, y se transportaba en cántaros pesados y poco manuables. Llevar el agua a la casa era un trabajo tedioso pero indispensable. No importaba si hacía frío o calor, si llovía o había viento, había que ir cada día a sacar el agua del pozo. Generalmente cada pueblo tenía un pozo comunitario a donde concurrían todos. Esos pozos se llenaban con las lluvias, por lo tanto tenían agua estancada. Muy pocos poblados podían disfrutar los beneficios de tener un manantial.
El manantial era una corriente de agua subterránea, constantemente fresca y en movimiento. No se agotaba en tiempos de sequía, ni se enturbiaba por la acumulación de barro. El manantial mantenía siempre el agua más pura y cristalina disponible en forma permanente. Tener un manantial cerca de la casa significaba el privilegio más grande al que aquellos hombres podían aspirar. Pero era un derecho que muy pocos podían adquirir.
El salmista compara la frescura y la vitalidad del manantial con la presencia de Dios en su vida. David conocía la dureza de la sed y lo complicado de conseguir el agua en tiempos de escasez. Y cuando analiza su vida, se da cuenta de que Dios representa para él lo mismo
que el agua. Dios es frescura, es limpieza, es diversión, es vida.
Dios nunca está lejos, siempre está disponible.
REFLEXIÓN – Dios puede ser tu manantial, disfrutalo.

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