27 de febrero – Costoso

“Mira que las palabras de los profetas a una sola voz anuncian al rey cosas buenas; que tu palabra sea ahora como la palabra de alguno de ellos y anuncia tú también buen éxito. Micaías respondió: ¡Vive Jehová, que lo que Jehová me hable eso diré!” 1° Reyes 22:13-14 (RVR)
Es muy duro ir contra la corriente. Siempre es difícil ser diferente, pensar distinto, hablar de otra manera, ser cristiano en un mundo endiablado. Tratar de vivir con las normas de Dios en una sociedad que las niega y se ríe de ellas.
A Micaías, le tocó un tiempo muy complicado para ser profeta. Debía serlo durante el reinado de Acab, el peor de los reyes de Israel. Un hombre que actuó permanentemente rompiendo las normas de Dios y alentando al pueblo a alejarse de Él. Acab fue el peor entre los peores.
Frente a semejante individuo, rodeado de hombres serviles y obedientes, se destaca Micaías. El rey iba a ir a la guerra y buscó el consejo de sus profetas. Todos le pronosticaron grandes victorias. Por el contrario, Micaías le profetizó que moriría en la batalla y que el pueblo iba a huir derrotado. No era muy popular Micaías, pero siempre decía lo que Dios le mandaba. Aunque fueran malas noticias, aunque se ganara el odio de sus pares, aunque todos se burlaran, siempre trasmitía lo que Dios le ordenaba.
Por ser así terminó en un calabozo, tan sólo tomando agua y comiendo pan. Un calabozo frío y embarrado, sin ventanas ni luces. Pocas veces actuamos como él. Es más cómodo guardar silencio, dejar pasar la oportunidad, y evitar la burla.
¿Cuál es tu opinión cuando se habla de sexo fuera del matrimonio, de drogas, de ser infiel a la novia, de salir de trampa, de ser deshonesto, de criticar al gobierno de turno? Cuando todos hablan sobre lo que Dios no quiere que se hable, vos ¿de qué hablás?
El peor de los silencios, es cuando no compartimos las buenas noticias de Dios y nos callamos el Evangelio. Dios nos llamó a predicar y a contarle a los demás la Gran Noticia, sin considerar la burla, la vergüenza o el miedo. Es necesario que hablemos.
Predicá y viví en la verdad. Aunque te cueste morir por Cristo. No es un extremismo sin sentido, sino la responsabilidad de todo hijo de Dios.
REFLEXIÓN — Decir la verdad cuesta.

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